Diario de León

otro oso pudo atacarle

El oso de Quirós murió por las lesiones leves de otro animal y por una infección

La necropsia realizada por la ULE descarta que las heridas fueran impactos de bala.

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maría carnero | león
León

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Casi un mes después de que apareciera un oso muerto en la localidad asturiana de Cortes, municipio de Quirós, ya se conoce el resultado de la necropsia que el Principado de Asturias encargó a la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León.

A pesar de que el animal presentaba varios orificios que podían apuntar a impactos de bala, el informe del catedrático de Histología y Anatomía Patológica del Departamento de Sanidad Animal de la universidad leonesa, Juan Francisco García Marín, descarta que el oso falleciera por disparos y apunta que las heridas podrían deberse al ataque de otro animal.

En concreto señala que la causa de la muerte se debió a las lesiones traumáticas superficiales y leves que tenía el animal, posiblemente ocasionadas por otro oso, y por una infección, concretamente, una miositis gangrenosa generada por las bacterias Clostridium sordelli y Clostridium speticum.

El informe de la necropsia, recogido por Europapress.es, señala que el intenso edema en las lesiones de origen traumático estaría propiciado por las lesiones vasculares ocasionadas por las bacterias aisladas.

Explica que las lesiones no traumáticas se corresponden con una miositis gangrenosa como las que padecen los animales domésticos y salvajes, incluido el oso pardo, por bacterias del género Clostridium. Y afirma que en el estudio radiológico realizado al cadáver no se observó ninguna alteración ósea ni la presencia de proyectiles o fragmentos de los mismos, apuntan desde el Gobierno del Principado en nota de prensa.

El animal era un oso pardo adulto macho, de unos tres años y 60 kilos de peso, que presentaba un desarrollo escaso para la edad estimada y un adelgazamiento acusado, con ausencia de grasa y con pérdida parcial de la grasa de la pelvis renal y coronorarias, siendo sustituida por tejido gelatinoso, así como atrofia moderada de la musculatura esquelética. Todo ello indicaría adelgazamiento acusado e inicio de caquexia.

El estudio señala que el oso muerto podría ser portador de la bacteria en su digestivo, lo que suele ser lo más habitual, o en el músculo por heridas antiguas. No obstante, dada la forma de presentación de las lesiones, la diseminación y el número de bacterias en amplias masas musculares así como en estómago e intestino, el catedrático se inclina a pensar que lo más probable sería una invasión del músculo desde el tubo digestivo, algo que pudo verse favorecido por el estado de debilidad del animal y los traumatismos recibidos. Además, añade que la enfermedad diagnosticada tiene un carácter sobreagudo, por lo que pudo haberse iniciado entre 10 y 15 horas anteriores a su muerte, como máximo.

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