La madre del belga atropellado critica la lentitud de la investigación
Jeroen Schelstraete pasó horas en comisaría por un altercado en León el miércoles pasado.

Schelstraete, en su último viaje a Compostela. DL
A. Domingo | Redacción
La madre del belga cuyo cuerpo sin vida se encontró el viernes en el Centro de Tratamiento de Residuos (CTR) de San Román de la Vega — Jeroen Schelstraete, de 41 años y residente en Gante— criticó ayer la investigación del caso, así como los problemas que éste ha suscitado sobre el juzgado que deberá hacerse cargo de ésta, según declaraciones que ofreció ayer al periódico belga Het Nieuwsblad . Aún en León, Rita Lootens consiguió ver el cadáver de su hijo gracias al forense que practicó la autopsia, «que sí entendió lo importante que es para una madre decir adiós a su hijo».
«La gente de la Guardia Civil es muy buena conmigo, pero los investigadores no darán un paso adelante», manifestó Lootens a un periodista del rotativo citado, que apunta a los problemas sobre la jurisdicción del caso como causa de la inoperancia. «Un juez debe decidir si la investigación debe hacerse en el lugar donde se encontró su cuerpo o donde supuestamente murió. Y, lo que es peor, el juez de instrucción está de baja. Probablemente no se mueva nada hasta el viernes», declaró.
Lootens vio el cuerpo de su hijo en el Instituto de Medicina Legal de Ponferrada. Le pareció «casi irreconocible», aunque le queda el consuelo de que «no sufrió». Según le explicó el forense el golpe que presenta en el lateral derecho fue «muy duro», por lo que se supone que «murió al instante».
El miércoles de la semana pasada se produce el último contacto de Jeroen Schelstraete con su familia. La comunicación con Bélgica era frecuente. Había iniciado su peregrinación a Santiago de Compostela en San Juan Pie de Puerto (Francia), a mediados de julio, y cubrió parte del recorrido con su novia, hasta que ésta tuvo que regresar a Bélgica al finalizar sus vacaciones.
La última jornada
Fue un día aciago. Según los relatos de su madre y de su novia, Jeroen Schelstraete fue víctima de un robo, que le dejó sin documentación y sin sus medicinas para el mal de espalda que padecía. En aquella jornada, dos días antes de aparecer el cuerpo, estuvo implicado en un altercado en el que intervino la Policía Local. Al carecer de documentación, lo trasladaron a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, de donde salió a las nueve de la noche» —al parecer, pasó allí varias horas—. Los testimonios de ambas coinciden en señalar que el peregrino fallecido no tenía intención de protagonizar un incidente. En realidad, pedía ayuda por la falta de medicación, pero «la policía pensó que era un vagabundo y lo detuvo», indicó Rita Lootens. En su última llamada a su madre refirió lo sucedido y apuntó que sólo tenía dos euros, con los que pensaba tomarse un café. Se supone que, más tarde, sufrió el atropello que acabó con su vida y que el conductor, «esperaba que nunca se encontrara su cuerpo» arrojándolo a un contenedor. Lootens cree que su hijo, sin la medicación y por la noche «debió sufrir un ataque de pánico», que pudo ser causa del accidente.
Según su familia, desde hace nueve años Jeroen Schelstraete peregrinaba a Santiago de Compostela. Siempre partía de San Juan Pie de Puerto y, en ocasiones, continuaba hasta Finisterre, donde participaba «en una especie de festival hippie», según el diario Het Nieuwsblad.