Las pesquisas sobre el peregrino atropellado van por «buen camino»
Hoy se cumplen dos meses de la aparición del cadáver en el CTR de San Román de la Vega.

Jeroen Schelstraete. DL
A. Domingo | Redacción
Cuando se cumplen dos meses del hallazgo del cuerpo de un peregrino belga Jeroen Schelstraete, de 41 años, en el Centro de Tratamiento de Residuos (CTR) de San Román de la Vega, la Subdelegación del Gobierno en León aseguró ayer que la investigación para determinar las circunstancias en que se produjo la muerte y cómo pudo llegar el cadáver desde León al basurero «continúa abierta y avanza despacio, pero por buen camino». Las mismas fuentes indicaron que, por el momento, no es posible facilitar otros datos sobre el caso.
Según explicó la madre de Jeroen Schelstraete en España, un atropello causó la muerte al peregrino, un habitual del Camino Francés desde hacía nueve años. Según la información que recibió del forense que practicó la autopsia, el impacto causó la muerte al peatón de forma inmediata. Pero nada ha trascendido hasta el momento de cómo el cuerpo de la víctima terminó en un contenedor con restos de trabajos de jardinería, aunque se sabe que pasó por la planta de transferencia de Trobajo del Cerecedo e incluso el camión que realizó el traslado hasta el basurero.
Los testimonios sitúan a Schelstraete en el centro de León, en una persecución por las calles Lancia y Burgo Nuevo, en la que trataba de atrapar, navaja en mano, a un leonés al que culpaba del robo de su mochila. Fruto de este incidente, terminó en la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía para proceder a su identificación, ya que no pudo mostrar documento alguno a los policías locales que intervinieron en la resolución del conflicto —el vecino de León optó por no denunciar los hechos—. Por otra parte, otras fuentes indican que Schelstraete había pedido dinero ese día a quienes se encontraba por la calle.
Con la mochila, el caminante perdió su documentación, su dinero y la medicación con la que se trataba unos dolores de espalda y el peregrino, según los relatos de su familia y de su prometida, se encontraba desesperado.
La repatriación
Casi un mes y medio después de aparecer el cuerpo, los restos de Jeroen Schelstraete regresaron a Gante, ciudad en la que residía y trabajaba en Eurosilo, un almacén de cereales, en el puerto de la ciudad. Su familia pudo celebrar entonces las honras fúnebres.