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León

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Tras desvelar al rector del centro bañezano y a uno de los formadores los abusos «el seminario quería librarse de nosotros y nos hacían test de inteligencia para demostrar que éramos tontos. Y superdotados, tampoco, pero sí normales». Ya en Astorga «despertaban a los seminaristas con música, excepto a nosotros, que lo hacían a golpes en los tabiques. Nos hicieron la vida imposible y estaban implicados todos». El apoyo de su hermano gemelo —«que lo pasó peor, porque tenía la valentía de hablar»—fue vital, ya que sin él «me hubiera suicidado». Vive con el convencimiento de que el caso se conocía. «Mi padre se encontró con don Santiago Cadierno, párroco en un pequeño pueblo, que le dijo ‘ya nos hemos enterado’». Y lo que es más, «existía una nota en la diócesis sobre el caso. Aunque ahora lo nieguen».

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