25 años de tradición en velilla
La feria mantiene vivos los oficios de antaño
La artesanía, una boda tradicional —con el canto del rosco y la carrera del mondo—, la exhibición de antiguas técnicas agrícolas y un baile al estilo de los años cuarenta trasladan otra vez al pueblo a épocas pasadas.
rafa reyes | velilla de la reina
Cerca de 70 artesanos se dieron cita ayer en la plaza del Atrio de Velilla de la Reina. La vigésimo quinta muestra de Artesanías Tradicionales, Oficios, Faenas Agrícolas y Música Popular volvió a poner en valor el trabajo que, durante siglos, han llevado a cabo auténticos maestros de diferentes artes.
La feria empezó a coger color a partir de las cinco de latarde, cuando abrieron los puestos, donde figuraban el herrero, el tallador de madreñas, el tejero o el panadero, entre otros. Además, las mujeres mostraron como es el proceso de transformación de la lana, con el huso, las cardas y la rueca. Tampoco faltaron reposteros enseñando como se realizan las máscaras que lucen los guirrios en el antruejo.
Bladimiro Mendoza y Áurea Martínez, habituales cada verano en esta cita de agosto y con su puesto de almendras garrapiñadas, reconocen que no vienen por motivos económicos, sino por «el excepcional ambiente que hay siempre en esta feria».
Marimar Portero y Florentino Rodríguez Gutiérrez se han convertido también en habituales desde hace ya nadamenos que doce años con sus exposiciones de madreña. «Es una continuidad del trabajo por no perder estos oficios», cuenta Portero.
Francisco Javier Robles, artesano por vocación familiar que aun teje el mimbre para hacer barriles de vino y cestos, explica que «a diferencia de los últimos cinco años, este se está dando mucho mejor». Aunque esto lo hace como un hobby sin ningún tipo de «fin económico», reconoce cuanto le gusta que la gente «admire y aprecie la artesanía» en las ferias a las que acude siempre junto a su mujer, que hace baberos, gorros y patucos de bebés. Blanca Llamazares critica que algunas ferias, y no es el caso, «cobren a los propios artesanos con el fin de lucrarse, y acabarán con ellas como sigan así». Por ello, defiende esta muestra en la que se valora «realmente» a los maestros.
Como otros años, se dedicó un espacio a la boda tradicional. Mientras que las mujeres cantaron el rosco a la novia, los chicos, fieles a la tradición, compitieron en una carrera por el mondo. La casa concejo se vistió de gala para el baile de los años 40, que se desarrolló desde las 23.00 horas. El acordeón, el redoble y la pandereta de La Orquestina de León fueron los encargados de amenizar la velada.
Aunque se vive un momento complicado en este sector artesanal debido a la falta de relevo generacional, esta feria, que cada año crece y se consolida gracias al esfuerzo de sus organizadores, sirve para que los más mayores echen de nuevo la vista atrás y para que los jóvenes y niños conozcan cómo trabajaban y vivían sus antepasados.