excavación arqueológica
Tesoros romanos al descubierto
Dos sondeos realizados en el castro del Oteiro han sacado a la luz una red hidráulica romana, cuatro tumbas, cerámicas y restos de un poblado.
Voluntarios trabajando en la zona de la necrópolis del castro lacianiego. ARAUJO
v. araujo | rabanal
Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el castro del Oteiro, situado entre las localidades de Llamas, Rabanal de Arriba y Rabanal de Abajo, han sacado a la luz diferentes elementos de una estructura romana y de una red hidráulica minera, en un total de dos sondeos, según el director de obra, Rubén Rubio. En la primera cata, en la parte más alta del cerro y cerca de la ermita de Nuestra Señora del Oteiro, se ha intervenido en un sector utilizado como espacio funerario, con la presencia de al menos cuatro tumbas de lajas cuya alineación responde aproximadamente al eje este-oeste. En el entorno de las mismas apareció un importante cúmulo de material constructivo y piezas cerámicas fragmentadas, así como algunas piedras de molino, que podrían evidenciar la existencia de un hábitat previo en las inmediaciones.
En el segundo sondeo realizado en El Otero, a una cota ligeramente más baja en la ladera orientada hacia el curso del río Sil, se han documentado dos estructuras de mampostería de cuarcita y pizarra que parecen responder a la presencia de un poblado. Su cronología podría remontarse hasta época romana, si bien el estudio detallado de los materiales hallados y las pruebas analíticas de los restos recuperados que han de realizarse ayudarán a precisar el momento de su construcción y uso.
De nuevo la presencia de cerámicas fragmentadas y útiles de piedra, entre otros restos, hablan del vigor de la ocupación en el solar de El Otero. Por último, en la balsa de El Ochadoiro, situada a 1500 m de altitud en el complejo minero aurífero romano de las montañas de Rabanal de Abajo-Salientes, se efectuó con medios mecánicos una trinchera de 20 m de longitud. El objetivo era documentar el sistema constructivo del depósito. Según Rubio, los trabajos de limpieza y registro han permitido conocer la topografía del enclave previa a estas labores constructivas, así como la ubicación precisa del suelo de la balsa y las dimensiones del terraplén levantado, lo que ayudará a su vez a estimar el volumen total de agua almacenable. Y las tareas de reconocimiento intensivo del terreno en las inmediaciones del paraje del Ochadoiro, sirvieron para comprobar la presencia de nuevos elementos integrantes de la red hidráulica minera, hasta ahora desconocidos.
Por otra parte, el análisis de laboratorio de las muestras de distinta naturaleza recogidas permitirá situar en el tiempo la realización de estos trabajos técnicos por parte de los conquistadores romanos y también reconstruir el paisaje vegetal del entorno tanto antes como durante y después de la puesta en marcha sistemática de las explotaciones auríferas en el Alto Sil. En paralelo, las tareas de reconocimiento intensivo del terreno en las inmediaciones del paraje del Ochadoiro, sirvieron para comprobar la presencia de nuevos elementos integrantes de la red hidráulica minera, hasta ahora desconocidos.