PROVINCIA ■ ECONOMÍA Y CAMPO

«Las merinas son una gran baza para la montaña de León»

El experto en trashumancia califica de «vergonzoso» que la Junta no proteja las cañadas

Manuel Rodríguez Pascual, ayer en la sala Gordón Ordás de la Universidad de León. SECUNDINO PÉREZ

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León

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ana gaitero | león

Los ingleses acaban de descubrir algo que los pastores leoneses saben de toda la vida: Que las ovejas tienen memoria. La entrenaron durante siglos de andadura por las cañadas, cordeles y veredas que ahora son pasto del olvido. Para recordarlas y recobrar su valía cuentan con un aliado de lujo en León (y en el mundo entero).

Manuel Rodríguez Pascual, ingeniero agrícola y doctor en Veterinaria, y uno de los mayores expertos del mundo en trashumancia, abogó ayer por el retorno de las merinas a los puertos de alta montaña como una «gran baza» para el uso de grandes espacios abandonados por el decaimiento de esta actividad a partir del siglo XIX.

En la conferencia inaugural de curso de la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León, Pascual recorrió la historia de las «merinas andarinas» y pergeñó su futuro no sólo como una cultura ingente, que ya es parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, sino como una actividad económica y ecológica viable en el siglo XXI.

En este sentido, abogó por «incorporar las innovaciones técnicas y científicas a la cultura pastoril» que hasta ahora se han centrado en la ganadería intensiva; pidió una mejora de las infraestructuras para facilitar la vida de los pastores trashumantes y sugirió que la administración firme contratos de colaboración con los ganaderos.

También invitó a la Facultad de Veterinaria a crear programas para formar pastores profesionales que garanticen la continuidad de la histórica actividad y la conexión con una cultura y saberes «que no están en los libros de texto». La cooperación entre comunidades autónomas para facilitar el uso de los pastos de la montaña, los puertos de «merina fina», como los llamaban en la Edad Media, y bajar la presión sobre las praderas de las dehesas fue otra de las medidas que apuntó el experto, que desde hace más de 30 años estudia el fenómeno de la trashumancia. «El pastoreo en Extremadura está produciendo daños irreparables en el terreno», advirtió, para concluir que «crear un pasto bueno es más difícil que conseguir un bosque».

El diente de las merinas moldeó los pastos de puertos y dehesas, y sus pasos memorizados durante ocho siglos trazaron los 125.000 kilómetros de cañadas, de los que 2.320 corresponden a la provincia de León. «Es la única provincia que cuenta con tres cañadas y sólo tiene clasificadas el 66,7%», lamentó el experto.

«Castilla y León está muy retrasada en el desarrollo de la Ley de 1995, muy conservadora, que protege las cañadas», lamentó. «Es vergonzoso que todavía no haya desarrollado el reglamento», que ya tienen el resto de comunidades autónomas, agregó. Las cañadas «son zonas de alto valor ambiental que pueden ser una alternativa para el turismo de calidad», recalcó.

El resurgir de la lana

Rodríguez Pascual también defendió la actividad ganadera como garantía de la conservación del medio ambiente y de la lucha contra los incendios, en la que se «invierten grandes cantidades de dinero» sin tener en cuenta la misión que cumplen estas cabañas.

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Pese al oscuro panorama de las cifras —apenas 4.000 ovejas realizan la trashumancia y 36.000 la trasterminancia sobre un millón de cabezas que lo hacían a principios del siglo XX— hay brotes blancos. Australia comercializa ropa deportiva de merino y en León el empresario Alberto Díaz, fundador de la plataforma española Made in slow, dedicada a la recuperación de la lana merina con «un enfoque innovador y dando valor añadido a productos creados con alma». La lana, cuyo negocio está ahora en el cono sur, es la alternativa al algodón, que consume mucha agua y terreno.