León ■ Sucesos
Da Silva llamó a las monjas desde Suiza cuando Trini vivía allí con su pequeña
El sospechoso de la desaparición de su mujer y su hija telefoneó en mayo del 87 a La Casita.
Un momento del registro policial en Berbes. CUELI /DL
La casa de Berbes (Ribadesella) en la que vivieron la madre y la hija desaparecidas desde 1987 y cuya pista se pierde en León es como un libro abierto de la vida que llevaba Antonio María Da Silva, marido, padre y principal sospechoso de este misterioso caso que ha retomado la Udev (Unidad de Delicuencia Especializada y Violenta) de la Comisaría de Gijón por decisión de la jueza Ana López Pandiella, titular del Juzgado de Instrucción número cuatro de la ciudad.
Las trece maletas desalojadas por la brigada de obras del Ayuntamiento de Ribadesella tras las actuaciones policiales muestran el continuo ir y venir de quien es el principal sospechoso de la desaparición de María Trinidad Suardíaz, vecina de Bárzana (Villaviciosa), y su hija Beatriz.
Dinero, notas, recibos, fotografías, tarjetas de visita, postales religiosas con oraciones... y un sin fin de objetos, desde un casco de moto hasta la cuna, los pañales y las ropas de bebé que dan cuenta del paso de la niña por allí, aunque no se sabe por cuánto tiempo, son algunas de las pruebas que analizará la magistrada para determinar el rumbo de la búsqueda reanudada a raíz del reportaje publicado en Diario de León los días 23 y 25 de julio del año pasado.
Da Silva se perfila como un hombre con una curiosa devoción religiosa, a pesar de que era un maltratador de libro, según los testimonios que obran en la causa, aportados por el vecindario. La virgen de Fátima, San Francisco de Asís (que, por cierto, se corresponde con el nombre del pueblo en el que nació en Portugal, en la zona de Covilha) o la catedral de Notre Dame de Ginebra quedaron entre los escombros después de la búsqueda policial realizada el lunes y el martes en la casa de Berbes.
Da Silva guardaba todo tipo de fetiches y también notas manuscritas de su puño y letra con apuntes sobre las cantidades de cemento utilizadas en una obra. Guardaba todo. Hasta los recibos de las llamadas telefónicas que realizó los días 17 y 29 de mayo de 1987 desde la estación de Cornavin, de Ginebra. Cinco conferencias a dos números de Asturias.
Uno de ellos ya no existe. El otro es el de la casa de las monjas Adoratrices en Gijón, donde Mari Trini estaba con su hija por aquellas fechas. Un periódico suizo del 27 de junio de 1987 atestigua que Da Silva se encontraba en el país helvético. ¿Habló con las monjas o con Mari Trini?
En los autos ya obra el testimonio de una de las mujeres que visitaron a la joven madre y le aconsejaron que diera a la niña en adopción.
El 13 de julio de 1987se vio a las desaparecidas con Da Silva en un Alsa de Ribadesella a Oviedo y el 15 de julio firmaron en León la notificación para presentarse en un juicio por las agresiones que Da Silva propinó a Mari Trini en Matadeón de los Oteros. Aquí se esfuman madre e hija. El Portugués sí reapareció. En la cárcel en 1989 y en Portugal en 2013, donde vivía como un transeúnte ajeno a la búsqueda. La policía portuguesa supuestamente le ha interrogado en dos ocasiones. La española, ninguna.