Diario de León
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OPINIÓN andrea fernández secretaria de igualdad del psoe de león
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M aría Isabel es la víctima número 947 desde que se elaboran registros estadísticos de violencia de género. Si tenemos en cuenta sólo el presente año, María Isabel representa la víctima número 23 de este tipo de violencia. Estos datos, pese a su gravedad, parecen no preocuparnos demasiado: según el CIS, sólo el 1,7% de la sociedad española considera que la violencia de género es un problema grave. Si tenemos en cuenta que de media cada año más de 50 maridos, novios o compañeros asesinan a sus parejas estamos ante la violencia estructural más recurrente en nuestro país.

Hasta antes de ayer, María Isabel era una vecina más de Astorga; una persona corriente que desarrollaba su vida con normalidad en torno a la localidad maragata. Sin embargo, un disparo proveniente del arma de su marido terminó con su vida de forma abrupta y cruel. Resulta obvio, pero al igual que todas las víctimas que nos arranca la violencia de género María Isabel era una persona con sus sueños, ilusiones y aspiraciones; era un ser humano que ha perdido la vida por el simple hecho de ser mujer, algo que debería ser inadmisible en una sociedad que se presume igualitaria y libre.

El fin de la violencia de género no llegará mientras la sociedad al completo no muestre un compromiso sin ambages contra esta lacra. Las leyes pueden acorralar a los maltratadores, pero no pueden cambiar por si solas la realidad en la que vivimos día a día. Herramientas como el Pacto de Estado suponen un logro político y a la postre legislativo, sin embargo el objetivo común debe encaminarse a transformar la realidad machista en la que vivimos, no a gestionarla desde las instituciones.

En definitiva, esta meta solo podrá alcanzarse cuando toda la sociedad sea consciente de que es, en sí misma, agente activo e imprescindible del cambio necesario para erradicar la violencia machista. Mientras ese compromiso no cristalice, todas las víctimas de violencia de género seguirán condenadas a la resignación de intentar salvarse, seguirán privadas de vivir en plena libertad. Ojalá esta desgracia sirva, al menos, para remover conciencias en la sociedad leonesa.

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