INICIATIVAS

Un remanso de vino en una mina de oro

La empresa Biome Makers califica al viñedo de Fuentes del Silencio como uno de los más excepcionales de España, Italia y Estados Unidos

Los propietarios de la bodega junto a la etnóloga. CARLOS S. CAMPILLO

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MIRIAM BADIOLA | LEÓN
León

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Fuentes del Silencio, una pequeña bodega nacida en el año 2013 en la localidad leonesa de Herreros del Jamuz, ha demostrado que sí es posible ofrecer algo diferente en el mercado vinícola, y que la manera de ofrecerlo es apostando por tierras de gran carga histórica, trabajo a la antigua usanza y una pequeña producción que permita mimar cada detalle.

Sin embargo, si hay algo que diferencie a esta bodega es su ‘terroir’, calificado recientemente por la empresa californiana Biome Makers como uno de los más excepcionales de España, Italia y Estados Unidos, debido a su singular microbiología, con 959 especies diferentes identificadas, que se encuentran asentadas sobre sedimentos auríferos.

Los viñedos de Fuentes de Silencio se encuentran asentados sobre una antigua mina de oro, «incluso si todavía coges un bateador y te vas al río, puedes llegar a encontrar pequeñas pepitas de oro en el agua», algo que para el vino «es espectacular» porque ofrece una levadura especial que ofrece sabores mucho más frutales.

Este sorprendente entorno hace que se trate de los únicos viñedos del mundo asentados sobre antiguas minas de oro, motivo por el que la bodega quiere estudiar cómo se traslada el terroir aurífero del viñedo al propio cuerpo del vino.

Al sur de la provincia de León, a orillas del río Jamuz, se encuentra un pequeño valle que a lo largo de la historia recoge una pequeña histórica vinícola que entre el siglo XIX y XX se relegó ante vinos de masas como el Prieto Picudo. Se trata de unas 25 o 27 hectáreas, divididas en 90 parcelas pequeñas.

Aislado del resto de regiones vinícolas de la provincia, el valle de Jamuz se caracterizó hasta hace muy pocos años por estar lleno de explotaciones en las que los vecinos cultivaban su propia uva para hacer el vino que beber en sus hogares.

Sin embargo, hace cinco años, el matrimonio formado por Miguel Ángel Alonso y María José Galera, supieron que toda esta tradición no podría dejarse perder. «Es un valle especial, está a gran altura entre 800 y 900 metros, y tiene unos viñedos muy diferentes a los del resto de todo León, al tener sobre todo Mencía y Garnacha tintorera, unas uvas completamente diferentes», ubicadas en 27 hectáreas repartidas en 90 parcelas pequeñas.

Con viñedos de gran edad, algunos de ellos prefiloxéricos, es decir, de finales del siglo XIX, la mayor parte de ellos plantados a principios del siglo XX, y los más jóvenes de 60 años, los propietarios de la bodega Fuentes del Silencio, en Herreros de Jamuz, quisieron trabajar seriamente para crear un vino especial.

Un vino singular

Así, el enólogo berciano Raúl Pérez, calificado como el mejor del mundo en el año 2015, afirmó en sus inicios que la calidad de los viñedos «era de lo mejor que podría haber», pero la pregunta era siempre la misma, ¿por qué estos viñedos son tan diferentes?

Tras estudiar con geólogos la zona, fue entonces cuando los propietarios de la bodega descubrieron que el suelo en el que se encontraban sus viñedos era completamente diferente al del resto de León, ya que contaba con un fondo pizarroso, así como su clima, ya que la zona cuenta con una pluviometría similar a la de Sevilla.

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Tras estos descubrimientos, los propietarios de Fuentes del Silencio han decidido solicitar la calificación de Pago, una indicación geográfica española para lo que la bodega debe demostrar que tanto el vino, en cata de sabor y de analítica, como las características de la tierra y la zona en la que se encuentran son características. De conseguirlo —sólo hay trece Pagos en España— sería el primer de Castilla y León.