ABUSOS SEXUALES A NIÑOS EN LA IGLESIA

El nuevo abusado de Gordón llama a las 'puertas del cielo'

La Diócesis inicia la investigación contra el cura y advierte de que será la Congregación para la Doctrina de la Fe la que decida si hay juicio

Imagen de José Manuel Ramos Gordón. LA OPINIÓN DE ZAMORA

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CRISTINA FANJUL | LEÓN
León

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La nueva denuncia contra el sacerdote pederasta José Manuel Ramos Gordón ya ha activado una investigación que, según el Obispado de Astorga, se pondrá en marcha de manera inmediata. El Obispado admitía ayer que el jueves, según publicó en exclusiva Diario de León, recibió la carta que un ex alumno del colegio de Puebla de Sanabria Juan XXIII, envió a la Diócesis. En ella, asegura haber sufrido abusos sexuales por parte del sacerdote durante cinco años, entre quinto de EGB hasta Primero de BUP, año en el que abandonó el centro católico. «Lo único que quiero es que le excomulguen», explicaba ayer J, que prefiere mantener el anonimato.

««Dar el paso es difícil. No me gustaría que mi familia se enterara de lo que ha ocurrido. Por eso he querido mantenerme en un segundo plano», sostiene J, que trabaja fuera de España y precisa que una de las razones por las que ha decidido denunciar es la condena firmada contra Ramos. «Mandarle diez años a un monasterio son unas vacaciones pagadas», denuncia y añade que si la sentencia hubiera sido dura, él no habría hecho nada. «Ya envié una carta hace dos años y nadie me contestó. Olvidé hacerlo con acuse de recibo y por eso no me contestaron», manifiesta.

Juan Antonio Menéndez, obispo de Astorga. JAVIER CASARES

La Diócesis anuncia que el resultado de la investigación se enviará a la Congregación para la Doctrina de la Fe con el fin de que sea esta institución la que decida si levanta la prescripción y pone en marcha el que será el tercer proceso contra José Manuel Ramos Gordón.

La primera condena, que se hizo pública en 2016 ordenaba que Ramos Gordón fuera apartado del cargo de párroco de Tábara (Zamora) y trasladado a la residencia sacerdotal de Astorga para realizar labores de cuidado de sacerdotes ancianos durante un año, además de ser privado de la celebración de los sacramentos en público por los abusos en cometidos en el seminario menor. Sin embargo, el cura no tuvo impedimento en oficiar como sacerdote en al menos tres misas (dos en Tábara y otra en Veguellina de Órbigo) durante el año de su condena.

En la segunda ocasión, la denuncia llegó de un alumno del Juan XXIII y Ramos Gordón fue sentenciado a diez años alejado de la Diócesis. La pena se cumple desde el 1 de enero en un monasterio.

Si finalmente la Congregación para la Doctrina de la Fe decide desactivar la prescripción y poner en marcha un nuevo juicio canónico contra José Manuel Ramos Gordón por abuso sexual de menores, el proceso podría terminar con la máxima pena: la expulsión del estado clerical.

J., otras de las víctimas que ha denunciado a Ramos Gordón. DL

Un experto canonista consultado por Diario de León explica que el Derecho Canónico prevé que el juez puede castigar con mayor gravedad que la establecida en la ley o en el precepto si después de una condena, el acusado continúa delinquiendo «de tal manera, que por las circunstancias pueda prudentemente inferirse su pertinacia en la mala voluntad». Asimismo, la ley canónica recoge la misma pena para quien está constituido en alguna dignidad, o abusó de su autoridad u oficio para cometer el delito. También establece la sanción en los casos en los que se haya previsto lo que habría de suceder, «y sin embargo omitió las cautelas para evitarlo que hubiera empleado cualquier persona diligente».

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«Ramos Gordón cumple los tres, con lo que no sería raro que ocurriera. Ya pasó en 2016 cuando el obispo de Oviedo expulsó al padre Chus», destaca este sacerdote, que añade que, en cualquier caso, la decisión final depende de cada obispo o de la Congregación para la Doctrina de la Fe. «Pero no hay taxatividad penal». El canonista advierte además de que a la edad del sacerdote no tendría sentido el tratamiento psiquiátrico que en ocasiones se obliga a recibir a los sacerdotes para controlar sus pulsiones.