Diario de León

OLLEROS DE SABERO

El sacerdote «portugués» oficia emocionado su primera misa

Roberto Da Silva, en el medio, en un momento de su primera misa

Roberto Da Silva, en el medio, en un momento de su primera misa

Publicado por
Juan Manuel Castro Corresponsal de OLLEROS.
León

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Roberto Da Sila Caetano, hijo de emigrantes portugueses celebró ayer en Olleros su primera eucaristía. Da Silva recibió el cariño de los vecinos, de veinte compañeros que le asistieron, de familiares y de amigo llegados de la vecina Portugal. Entre los asistentes, se encontraban el director del seminario de León, Gonzalo Florez, así como los párrocos de Sabero, Cistierna y de otras localidades de la provincia, además del Consejero de las Comunidades Portuguesas en España y vicepresidente europeo, Fernando Marques Pinhal. El nuevo sacerdote entró en la Iglesia arropado por los veinte curas que asistieron a la ceremonia, lleno de ilusión y la satisfacción que desprendía su rostro de felicidad, que no pudo contener cuando descubrió que entre los feligreses que le aplaudían se encontraba su abuelo, que se había trasladado desde Portugal para acompañarle en un día tan especial para él. Durante toda la eucaristía Roberto Da Silva dio muestras de gran serenidad, a pesar de que fue agasajado con numerosas muestras de cariño y regalos. Uno de los momentos más esperados se produjo cuando Manuel Fresno, párroco de la localidad, en su homilía se dirigió al nuevo sacerdote recordándole todos sus días en el seminario. «Cumple ahora el sueño de tu vida», le transmitió al nuevo sacerdote. En el acto de ofrendas, Da Silva recibió un cáliz y una bandeja como recuerdo de sus padres; una partida de bautizo, un crucifijo, un callado, barro, unas sandalias, una vasija de aceite y una placa de los vecinos del pueblo en la que se contenía la dedicatoria «Roberto, sigue así». También recibió como regalos de la comunidad una cadena musical y un equipo de viaje. El representante de las Comunidades portuguesas se dirigió a Da Silva al final de la eucaristía recordándole que era un orgullo para los dos pueblos ibéricos, al tratarse del primer sacerdote hijo de emigrantes portugueses que concelebraba una misa.

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