RETABLO LEONÉS

Ferias y mercados leoneses

Las circunstancias actuales por las que atraviesa la trata del ganado, han hecho descender considerablemente el número de entrada de reses en cualquier plaza por acreditada que sea ésta. Estas circunstancias se pueden entender com

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Enrique Alonso Pérez - LEÓN.
León

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Por otra parte, la centralización de mercados en el gran complejo ferial de la capital de la provincia todos los viernes, viene a mermar cada día más la afluencia de ganado que acude a estas ferias tradicionales. No obstante, con la fuerza evocadora que nos proporcionan los viejos añorantes de otra época y la documentación relacionada con la evolución de estos mercados feriales, nuestro Retablo dedica este apunte como contraste de lo que aquello fue, con lo que ahora es. La tradición ferial, en nuestra provincia, se remonta a los albores de la historia leonesa; ya los romanos, en tiempos de la Legión VII, mantenían una populosa cannaba en torno a los muros fortificados de la civitas legionense, en la que multitud de hortelanos y ganaderos cambiaban y vendían sus productos al amparo de los poderosos hombres del imperio, que terminaros siendo sus mejores clientes con la aportación de los denarios fuertes de Roma. El alto medievo, sorprende a la ciudad de León con una intensa actividad mercantil, en la que se dan cita feriantes, buhoneros, cambistas y representantes de la naciente arriería. La fama de los mercados leoneses se extiende por la cuenca del Duero, y son muchos forasteros los que acuden atraídos por la variedad de artículos y la facilidad de hacerse con ellos por medio del trueque. La cuarta feria, la del día de Mercurio, que decían los romanos -y que nosotros decimos miércoles- era la más visitada por la gran concurrencia de mercaderes, y es curioso que se sigue celebrando en la actualidad el mismo día de la semana, con el beneplácito del primitivo fuero del año 1001, promulgado por Alfonso V, que en su artículo 46 reconoce la antigüedad de los mercados, y los institucionaliza de la manera siguiente: «mercatum publicum, quod cuarta feria antiquibus agitur». El mercado leonés en octubre El ilustre historiador abulense, Claudio Sánchez Albornoz, recoge en su celebrado libro Estampas de la Vida en León hace mil años, unos sustanciosos pasajes acerca del mercado leonés, precisamente en el mes de octubre. Por el interés histórico, y la minuciosidad con que trata este historiador todos los temas de la antigua corte de León, citamos a continuación algunos párrafos relacionados con la estampa que presentaba un día de feria: «Es una mañana tibia de octubre. El aire tiene una maravillosa transparencia que adquiere en la otoñada cuando las lluvias han posado ya el polvo del estío. Señores y vasallos cruzan el páramo leonés. Es cuarta feria, día de mercurio, y caminan deprisa para acudir al mercado en buena hora. Apiñada muchedumbre de gentes se estruja, grita, discute, gesticula. Los colores vivos de las túnicas o sayas de las mujeres, y de los jubones, sayos y mantas de los hombres, destacan sobre el fondo gris oscuro de los lienzos de muralla que empieza a dorar el sol de mediodía. Se oyen voces humanas, sonar de esquilas, mugidos y relinchos. Dos leoneses comen grandes rebanadas de pan y refrescan la garganta empinando una bota llena de vino rascante del país. Celebran el alboroque con que acaban de cerrar su trato. El que con rostro más alegre moja con el vino su gaznate ha vendido al otro una yunta de novillos. Son dos hermosos animales: uno berrendo y otro blanco; pero ha recibido por ellos 20 sueldos y está satisfecho de su venta». El Pilar en la montaña leonesa La larga trayectoria con que cuenta la festividad del Pilar en la comarca leonesa de la montaña de Boñar, merece un comentario acerca de sus orígenes, que se encuentran a principios del pasado milenio, según se desprende de numerosos documentos catedralicios. Los Concejos abiertos, y posteriores Ordenanzas municipales, van recogiendo una amplia legislación, cada vez más matizada, acerca de las transacciones de ganado ovino y bovino en un mercado libre que sólo conoce la fiscalización sanitaria en un intento de salvaguardar las concentraciones feriales de posibles pestes y morbos propios de la época medieval. La zona no conoce la regulación definitiva, e institución de ferias a plazo fijo, hasta el siglo XVIII, fechas en que pareció oportuno señalar determinados días del año para la celebración de estas concentraciones ganaderas cuya finalidad era la compra-venta de reses. Firmó este acuerdo corporativo el entonces Corregidor de las Montañas de Boñar, Jerónimo Villarroel, casado con la también boñaresa, María Antonia de Robles. Las distintas fiestas y ferias que se celebran en Boñar a lo largo del año, quedan empequeñecidas ante la celebración de la gran feria del Pilar. Los más antiguos ganaderos de la comarca hablan de esta feria como de una institución heredada desde siempre, y cuya necesidad se hace notar por coincidir con las fechas que bien pueden considerarse como el cierre del año ganadero. Los novillos, que han estado durante parte de la primavera y el verano pastando en los altos prados de la montaña, bajan este día como protagonistas de las transacciones entre sus actuales y futuros dueños.

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