Diario de León
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La Bañeza no se quedaría sin música, pues el 25 de octubre de 1909 y ocupando la alcaldía don Robustiano Pollán, se adquirió en Santander, por una cantidad de 2.500 pesetas, el templete de música que ocuparía lugar principal en la Plaza Mayor durante largas décadas, convirtiéndose en todo un icono ciudadano. Algo parecido a la consideración merecida por la farola que se instaló en 1891 y que, ya desde el día de su inauguración, dio lugar a numerosos chascarrillos y versos humorísticos. Con la voluntad común de ir creando atmósferas y conquistar su propia estética personal, la Plaza Mayor fue añadiendo distintos elementos a su coreografía urbana. En el mes de abril de 1915 se autorizaba la colocación de sillas en sus aceras, dedicadas al servicio público; poco después, los concejales decidieron la construcción de unas casetas por cuenta del municipio, para la venta de carne, pescado y fruta. Y a finales de aquel mismo año de 1915, se erigieron en la plaza dos kioscos de madera dedicados, respectivamente, a despacho de pan y a relojería La protesta de las mujeres Las cuestiones sociales y políticas también hicieron resonar sus conflictivos ecos en la Plaza Mayor. Así, el 17 de febrero de 1932 y en tiempos de la naciente República, más de quinientas mujeres bañezanas acudieron a la llamada de la Junta Local de Acción Femenina, para protestar por la retirada del Crucifijo en las Escuelas Nacionales. Dirigidas por la presidenta, doña Ninfa Díez-Canseco, se plantaron en la Plaza Mayor para entregar al alcalde el escrito de queja, avalado por las firmas de todas ellas. Pasaron los años y el templete de música fue sustituido, en la reforma efectuado el año 1967, por la fuente que ahora se ubica en el centro de este mágico enclave. Un foro presidido por la iglesia de Santa María y la Casa Consistorial, dos edificios emblemáticos de la ciudad y con mucha historia a sus espaldas.

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