Los héroes que se mojan cuando todo se quema
Los bomberos forestales de esta base ubicada en el municipio de Cuadros se erigen como una de las puntas de lanza del operativo de prevención y extinción de incendios de la Junta
El olor a keroseno, antes de embarcar en el «pájaro», el aleteo del rotor de cola seguido del estruendo que repica como campanas en la ermita de Camposagrado, la sirena alertando del peligro y de la hora de tomar acción: «¡Atención base de Camposagrado!, aquí León, ¿me recibe?», resuena en la sala de emisoras cada vez que el Centro Provincial de Mando advierte el más mínimo indicio de que pueda desatarse un incendio, y así, da comienzo el rock and roll para los bomberos forestales de la base helitransportada de Camposagrado, un subidón de adrenalina que forma parte del adn de estos profesionales del fuego, que arriesgan sus vidas convirtiéndose en la punta de lanza contra los incendios forestales, año tras año, algunos toda una vida comprometidos con la naturaleza y la inmensidad de la orografía leonesa.
Cada verano llega el fuego, tarde o temprano, con más o menos intensidad, pero las características que presentan estas latitudes al noroeste de la península hacen especialmente apetecible para las llamas sus pastos y masa forestal. Cada año la Junta de Castilla y León intenta mejorar las condiciones de su operativo reforzando el plan de Protección Civil ante Emergencias por Incendios Forestales en Castilla y León (INFOCAL) cuyo finalidad es hacer frente de forma ágil y coordinada a las distintas situaciones de emergencia originadas por los incendios forestales que, de forma directa o indirecta, afecten a la población y a las masas forestales de la autonomía. Pero, para poder estar en una forma óptima poder atacar el fuego desde distintos flancos, hace falta entrenamiento, requiere pericia, valor y experiencia en las cuadrillas para poder acabar con las llamas, y sobretodo requiere mucho compromiso con esta labor. A día de hoy, los brigadistas se deben erigir como el servicio de emergencia y las herramientas, los protocolos, cada vez están más enfocados en profesionalizar un sector en el que la provincia de León ha sido, y es, pionera en el arte de como apagar incendios forestales para el resto de operativos en todo el territorio nacional e incluso a nivel mundial, en catástrofes internacionales por Chile y Canadá, principalmente. Los bomberos forestales ubicados en esta base del municipio de Cuadros, son los primeros en llegar a los avisos localizados en la Montañas de Luna y Riaño, así como la zona sur más adyacente a la capital provincial, aunque las fronteras de los despachos automáticos— zonas delimitadas para cada base, que les permite actuar sin necesidad de ser avisados por el Puesto de Mando —siempre acaban desdibujándose y la cooperación entre las distintas cuadrillas tanto helitransportadas como terrestres, resulta crucial. El día a día para los especialistas de Camposagrado, puede variar en función del mes del año que sea, pero durante la temporada invernal, hasta que los días se hacen largos y la primavera aterriza en la provincia, las rutinas de trabajo están bien definidas. Por un lado está el tajo, el lugar de trabajo escogido por el agente medioambiental para que los capataces dirigan las actuaciones proyectadas en el pliego de contratación. Esto se traduce en aproximadamente, medio día de trabajos de conservación, desbroce o poda en los distintos puntos que tiene encargada la base, siempre próximos al centro de trabajo, por si hay que salir de imprevisto a un aviso de incendio. La parte de entrenamiento y formación, también copa la jornada laboral de los brigadistas durante la temporada baja de invierno, no se puede descuidar el estado físico ni tampoco el protocolo de actuación, por lo que los simulacros de embarque y prácticas de ataque directo al fuego son habituales durante todos los días, siempre que esté presente el helicóptero en la base. El invierno puede parecer tranquilo, pero las bajadas de temperaturas y las heladas que atacan cada noche la flora leonesa, aumentan las probabilidades de que una chispa prenda la maleza que previamente ha perdido toda la humedad con las bajadas térmicas nocturnas. Pero todo esto cambia a partir del inicio de la campaña de incendios de cada año, cuando a principios de junio la llegada de catorce brigadistas más a la base permite establecer un cuadrante en el que desde las 10.00 horas hasta la caída del sol, permite a la base está operativa para cubrir cualquier aviso de incendio forestal en su zona. De este modo hay dos cuadrillas que se solapan unas horas, lo cual fomenta el compañerismo y la forma de entrenar y atender a la base. Sí, atender la base también es tarea de su personal, los bomberos se encargan de adecuarla y llevar a cabo las reformas— dentro de sus posibilidades— durante su jornada para tener el centro de trabajo de la mejor manera, puesto que al ser personal de la Junta muchas veces tienen que atender excursiones escolares que visitan la base o a los propios técnicos de la institución autonómica durante los distintos cursos de sectorización y formación que tienen durante todo el año. El verano para muchos significa playa y arena, para otros tantos, senderismo y camping, pero para estos profesionales que ceden su tiempo durante toda la temporada estival, significa compromiso con cada arroyo, con cada linde y con cada collado que conforma la masa forestal tan distinta y tan variada que supone la provincia de León. Es por ello, que duelen menos esas mañanas de entrenamiento por los pinares de Cuadros, haciendo marcha con la mochila extintora— unos veinte kilos— o línea de defensa con las azadas o «pulanski», sin olvidar la subida de las decenas de cortafuegos que rodean su zona de entrenamiento, para curtir el físico ante las diversas situaciones que enfrentarán los brigadistas en los incendios forestales. Con los deberes hechos de casa, y ciertas dosis de vocación, los bomberos de Camposagrado, aguardan desde el la temporada alta de incendios la llamada de la sirena de la base o como dirían en su argot forestal, «la chicharra». Cuando suena la alarma, todos entran en acción, y en menos de diez minutos deben estar partiendo en el helicóptero hacia el lugar del posible incendio forestal. Cada bombero tiene su función preasignada a la hora de montarse en el «pájaro», dos de ellos se encargan de soltar y atar el «bambi» de su cesta—es un balde especializado para aguantar el agua y poder ejecutar las descargas sobre las llamas—, otros se encargan de las mochilas extintoras, y el resto se reparten entre el encargado de los batefuegos y el mazo con las azadas y las herramientas manuales. Todos actúan como parte de un engranaje, para conformar la verdadera maquinaria que supone este operativo de incendios, es de obligado cumplimiento para todos ellos, ser capaces de sustituir a cualquier compañero en su puesto en el helicóptero. La forma de trabajar en los incendios varía mucho en función del tipo de vegetación que este afectada, el nivel de inclinación de la orografía, la dificultad para acceder al foco de las llamas, el riesgo para los pilotos a la hora de estacionar el helicóptero, «no hay dos incendios iguales nunca», confiesan los brigadistas más experimentados de la base. Lo que no varía es la forma de actuar ante las llamas, el trabajo debe estar lo más acompasado posible, como si de un vals se tratara, los batefuegos bajan las llamas y extinguen mejor si los brigadistas son capaces de solapar al unísono, ayudados por las mochilas extintoras para bajar la intesidad de la llama cuando se requiere o valiéndose de las descargas de los helicópteros desde las alturas. Cuando la cosa se descontrola, el bombero debe saber reaccionar para alejarse de la línea de llamas y ejecutar con la herramienta manual, las denominadas líneas de defensa para poder dejar aislado esa parte del fuego y que no avance hacia la posición segura y libre de llamas. Alejandro Da Resurreiçao, uno de los capataces de la base helitransportada de Camposagrado, con más de viente años de experiencia a sus espaldas, se encarga junto a sus compañeros de la base de Camposagrado de defender la flora y fauna del sector noroeste leónes, siendo la punta de lanza de dicho operativo, al igual que las otras cuatro bases restantes de la provincia en sus respectivas zonas. Cada año nuevos bomberos llegan a estas bases para iniciarse en el mundo del fuego, «viene un poco de todo, pero tienen ganas de aprender, con ganas de integrarse en el equipo, de estar mejorando año a año y eso es lo importante», indica el capataz. Pero son aquellos bomberos más experimentados, los que hacen de faro para los jóvenes que se inician en el sector de los incendios forestales, y las campañas cambian cada año con la meterología, «yo creo que esta campaña va a venir marcada como la del año pasado, por tormentas algo secas. Con lo que viene de primavera, lluvia y todo, si ahora nos acompaña el calor, yo creo que el pasto y todo eso nos va a perjudicar, porque va a crecer mucho, entonces va a haber mucho combustible. Y dado las tormentas que crean corrientes, pues, prevemos que puede ser un pelín dura», señala Da Resurreiçao. Para el capataz, las causas que originan los incendios forestales suelen originarse por dos causas: «Rayos, bastantes de alta montaña, serán un 40% más o menos, un 10%, digamos que por causas de descuidos o coches en una carretera accidentados. Y el otro 50%, pues creemos que son provocados, más de pasto, al lado de León y barrios adyacentes».
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.
Reportaje de los bomberos forestales de Camposagrado. F. Otero Perandones.