Los 16 pueblos de León condenados a desaparecer en las profundidades del Embalse de Luna
En épocas de sequía, cuando el nivel del agua baja considerablemente, las ruinas de estos pueblos, como restos de casas, calles y muros, suelen emerger a la superficie

Dieciséis pueblos de la provincia de León fueron condenados a desaparecer como consecuencia del "progreso" de la época.
El proyecto del embalse, destinado principalmente a garantizar el regadío en la comarca del Páramo leonés y la Ribera del Órbigo, se redactó entre 1935 y 1936, aunque las obras se adjudicaron en 1945.
El cierre de las compuertas para iniciar el embalsado comenzó en junio de 1951, y el proceso de llenado continuó hasta la inauguración oficial de la presa por Franco en septiembre de 1956. A medida que el agua subía, los dieciséis pueblos situados en el valle del río Luna quedaron condenados a ser anegados.
Los habitantes de estos pueblos, (se estima que unas 1.100 personas), tuvieron que ser desalojados y reubicados, un proceso que se considera que estuvo marcado por el desarraigo y unas indemnizaciones consideradas insuficientes. Algunos se reubicaron en pueblos cercanos que se salvaron de la inundación o en otras partes de la provincia, mientras que otros emigraron a diferentes lugares de España o incluso de América.
Los dieciséis pueblos que quedaron sumergidos, algunos parcialmente, fueron: Arévalo, Campo de Luna, La Canela, Casasola, Cosera (O Cosera La Luna), Lagüelles, Láncara de Luna, Miñera, Mirantes de Luna (parcialmente), El Molinón, Oblanca, San Pedro de Luna, Santa Eulalia de las Manzanas, Trabanco, Truva y Ventas de Mayo (O Ventas de Mallo).
En épocas de sequía, cuando el nivel del agua baja considerablemente, las ruinas de estos pueblos, como restos de casas, calles y muros, suelen emerger a la superficie, sirviendo de mudo recuerdo de la vida que allí existió.