Diario de León

El ramo leonés: el candil de 12 velas que desafía al árbol de Navidad para iluminar el invierno

Con orígenes precristianos y un significado que va de la ofrenda a la luz, el "Ramo Leonés" vive un resurgimiento en los hogares como el símbolo navideño más auténtico de la provincia

Un ramo leonés tradicional de la Navidad.

Un ramo leonés tradicional de la Navidad.dl

María Martínez Peña
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Mientras el abeto domina la iconografía navideña global, en la provincia de León ha resurgido con fuerza un símbolo mucho más antiguo y local: el ramo leonés. Esta pieza, que estuvo a punto de desaparecer tras la despoblación rural del siglo XX, se ha convertido en el gran sello de identidad de la Navidad leonesa, con una historia que se remonta a ritos ancestrales. 

El ramo leonés es esencialmente un armazón de madera (a menudo en forma triangular o de rastrillo) que se apoya en un mástil vertical sobre una peana. Aunque inicialmente se cree que era una simple rama de árbol, fue sustituida por esta estructura para sostener las ofrendas. 

Los orígenes del ramo son precristianos. Se vincula con el culto a la naturaleza de los antiguos pobladores, como los astures, que veneraban a los árboles en países a lo largo de toda Europa. 

Con la llegada del cristianismo, la Iglesia asimiló y resignificó esta costumbre, integrándola como un elemento de ofrenda a Dios y al Niño Jesús, especialmente durante la Misa del Gallo y otras festividades. Muchos expertos los conectan directamente por la forma y la función del Tenebrario, el candelabro usado en los templos durante Semana Santa. 

La tradición consiste en "vestir" el ramo con distintos elementos:

12 Velas: Se colocan en el armazón para simbolizar la luz, el inicio y los doce meses del año. Encenderlas el 25 de diciembre es un acto central.

Adornos: Se cuelgan lazos, cintas de lana, puntillas, bordados, y ofrendas comestibles como frutas, rosquillas o espigas.

Ofrenda: Una cesta con castañas, nueces u otros frutos secos se sitúa en la base, como tributo de la cosecha.

El momento culminante de esta tradición es el "Cantar el Ramo", donde coros de mozas (o mixtos) entonan coplas populares frente a él, a modo de adoración al Niño.

Desde la década de 1990, esta tradición vive un fuerte renacer, saliendo de las iglesias para adornar no solo plazas públicas, sino cada vez más hogares, ofreciendo una alternativa con alma propia al árbol de Navidad.

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