Diario de León

El pueblo fantasma de Utrero: no lo hundió el agua, sino el olvido

El "Balcón de la Montaña" de León, expropiado en 1968 para el Embalse del Porma, se quedó sin vida al perder sus tierras y fue reducido a escombros en 2003, aunque nunca fue cubierto por las aguas

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María Martínez Peña
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La historia de Utrero, un pequeño pueblo de la Montaña Oriental Leonesa, es la de una condena sin sumersión. A diferencia de otros municipios sacrificados por la construcción del pantano del Porma en 1968, Utrero nunca fue tragado por las aguas. Sin embargo, se convirtió en un pueblo fantasma y sus restos terminaron desmantelados y saqueados por una decisión administrativa. 

Aunque Utrero, con una población de más de un centenar de habitantes en la década de los 50, se encontraba en el margen derecho del río Porma, su destino quedó sellado con la luz verde al proyecto hidráulico. 

El pueblo fue expropiado en su totalidad, no porque fuera a ser cubierto por el embalse, sino porque perdió todas sus tierras cultivables y pastos. 

Sin tierras de labranza y sin ganado, la vida de Utrero, basada en una economía rural próspera, se hizo insostenible. Sus habitantes se vieron obligados a emigrar, dejando atrás la iglesia de San Juan Bautista y su valioso monte Regalar. 

Tras décadas de abandono, la estocada final llegó en 2003. La Confederación Hidrográfica del Duero (CDH), dueña de los terrenos, tomó la decisión de autorizar el "desmantelamiento controlado" de las casas de Utrero. 

Esta medida supuso la destrucción casi total del patrimonio material. Ciudadanos anónimos y empresas se llevaron tejas, piedras y vigas de las casas, reduciendo las sólidas construcciones a un campo de minas. 

Hoy, Utrero pertenece al municipio de Boñar y sus restos son un testimonio mudo del alto precio pagado por el desarrollo hidráulico de la provincia. A pesar de la destrucción, los descendientes del antiguo pueblo, organizados en asociaciones, luchan por mantener vivo su recuerdo.

Periódicamente, el emplazamiento, conocido poéticamente como el "balcón de la montaña", acoge encuentros y romerías en un esfuerzo por evitar que el pueblo que se salvó del agua, acabe definitivamente borrado de la memoria leonesa.

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