Homenaje flamenco a la minería en Sabero

El cantaor Gregorio Moya cerró el ciclo anual de conciertos en la Ferrería de San Blas

Un momento de la actuación, a la que acudieron más de 300 personas.castro

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Sabero

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Desde su apertura al público, el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León, con sede en Sabero, ha mantenido un firme compromiso con la memoria y el reconocimiento de los mineros de toda España y, de manera especial, de la Cuenca Minera de Sabero. Una de las expresiones más emotivas de este homenaje es el ciclo de conciertos flamencos que el museo acoge cada año desde 2009, protagonizados por los ganadores del prestigioso concurso de la Lámpara Minera de La Unión (Murcia).

La Lonja de Laminación de la Ferrería de San Blas se ha convertido, a lo largo de los años, en un escenario singular donde el cante jondo se une a la memoria del trabajo bajo tierra. Por este espacio han pasado figuras destacadas del flamenco como Rocío Márquez (2009), Churumbaque hijo (2010), Manuel Ortega (2011), Ricardo Fernández (2012), Jeromo Segura (2013), David Lagos (2014), María José Pérez (2015), Antonio Contreras (2016), Alfredo Tejada (2017), María José Carrasco (2018), Esther Merino (2022), Rocío Luna (2023) y Jesús Corbacho (2024).

El ciclo se cerró ayer con la actuación del cantaor manchego Gregorio Moya, acompañado por el guitarrista Paco Cortés y la bailadora Marian Gómez. Durante 90 minutos, los artistas mantuvieron en vilo a las más de 300 personas que llenaban la Lonja de Laminación, que siguieron el recital con emoción y respeto, culminando el concierto con el público puesto en pie y un prolongado aplauso.

La unión entre el flamenco y el museo nació en 2009 como un homenaje a los miles de trabajadores andaluces que, en los duros años de la posguerra, emigraron a las cuencas mineras de León y Palencia en busca de un futuro mejor. Llegaban en autobuses fletados por las empresas mineras, con escasas pertenencias y grandes sacrificios, para trabajar largas jornadas bajo tierra y vivir en condiciones muy precarias.

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Aquellos mineros no solo aportaron su esfuerzo y su sudor, sino también su cultura. El cante flamenco, en muchas ocasiones inspirado en la vida en la mina, se convirtió en una forma de aliviar la dureza del trabajo y de transmitir identidad y memoria colectiva. Por ello, no resulta extraño que el flamenco haya arraigado en las cuencas mineras, donde es escuchado y sentido con profundo respeto, algo que siguen destacando con sorpresa y emoción todos los cantaores que actúan en el Museo de la Siderurgia y la Minería.