Diario de León

La alimentación, clave en la dispersión de osos jóvenes por la Cordillera Cantábrica

Un estudio de Fapas revela que la escasez de recursos marca las rutas de estos ejemplares

Un ejemplar de oso pardo, por la Cordillera Cantábrica.

Un ejemplar de oso pardo, por la Cordillera Cantábrica.herminio m. muñuz

María Carnero
León

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El Fondo para la protección de los animales salvajes (Fapas) ha dado a conocer los resultados de un trabajo de observación y análisis sobre los desplazamientos de osos jóvenes en la Cordillera Cantábrica, que confirma que los grandes recorridos que realizan estos ejemplares están estrechamente relacionados con la búsqueda de alimento y no con procesos reproductivos.

Según la organización conservacionista, estos movimientos corresponden principalmente a machos jóvenes inmaduros en fase de dispersión, que se desplazan con frecuencia hacia el sur de la cordillera, alcanzando territorios alejados de las áreas tradicionales de reproducción e incluso zonas próximas a la frontera con Portugal. La presencia de osos al sur de las montañas cantábricas es ya habitual y está bien documentada en los últimos años.

El estudio señala que, cuando los osos se alimentan de recursos naturales disponibles en el monte, su presencia pasa prácticamente desapercibida. Sin embargo, la situación cambia cuando localizan colmenares, momento en el que los daños delatan su llegada. «La mayoría de las observaciones registradas fuera del área cantábrica están vinculadas a ataques a colmenas, lo que provoca que las medidas de prevención se adopten tarde, cuando el daño ya se ha producido», explica Roberto Hartasánchez, socio fundador de Fapas.

Por insiste en que este modelo de actuación debe cambiar. «El oso llega antes que las medidas de protección, y eso es justo lo que hay que evitar», subraya. Conocer de antemano las rutas y zonas de tránsito permitiría anticiparse a estos desplazamientos e iniciar campañas preventivas de protección de colmenares en las áreas de riesgo.

El seguimiento de estos movimientos no es sencillo. Los trabajos científicos basados en radioseguimiento, cartografiado por cuadrículas o prospecciones sistemáticas requieren grandes recursos humanos y económicos, y ofrecen resultados limitados debido a la enorme superficie potencial de presencia osera. No obstante, las recientes borrascas invernales, con abundantes nevadas entre los 1.000 y 1.300 metros de altitud, han proporcionado una oportunidad excepcional para observar huellas y rastros en zonas de alta montaña.

Estas nevadas han permitido a Fapas identificar con bastante precisión las principales áreas de tránsito utilizadas por los osos para desplazarse desde la Cordillera Cantábrica hacia el sur y el oeste peninsular. Según la organización, se distinguen con claridad dos grandes corredores naturales que facilitan estos largos recorridos sin apenas detección humana, una información que consideran «verdaderamente valiosa» para planificar la protección preventiva de colmenares.

En este contexto, Fapas recuerda que el censo genético presentado en 2023 por el Ministerio para la Transición Ecológica y las comunidades autónomas estimó la población total de osos por encima de los 350 ejemplares, atribuyendo al área oriental cantábrica no menos de 120 individuos. La organización cuestiona estos datos, al considerar que no se corresponden con el número real de hembras reproductoras detectadas en esa zona.

Fapas alerta de que el abandono del histórico modelo de seguimiento basado en el control de hembras reproductoras introduce incertidumbre en la gestión futura de la especie y teme que la conservación del oso empiece a abordarse desde criterios políticos y no técnicos. Frente a ello, la entidad anuncia que continuará de forma independiente con sus trabajos de censo, seguimiento genético y prevención de daños, defendiendo que los conflictos generados por el oso son asumibles y evitables si se actúa con anticipación y rigor.

La protección de la especie, entre avances y controversia

Cada 21 de febrero se conmemora el Día Internacional por la Protección del Oso, una fecha especialmente significativa en España, donde el oso pardo estuvo al borde de la desaparición a finales del siglo XX. En aquel momento crítico, la población descendió por debajo de los 70 ejemplares, lo que impulsó a las administraciones a poner en marcha medidas de protección y conservación que, con el paso de los años, han permitido una recuperación progresiva de la especie.En la actualidad, la población de oso pardo en España se concentra en dos núcleos aislados del norte peninsular: la Cordillera Cantábrica, que alberga la mayoría de los individuos, y los Pirineos. Según datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, este proceso de recuperación estaría dando resultados positivos, aunque el oso pardo mantiene todavía el estatus legal de especie en peligro de extinción.Sin embargo, organizaciones ecologistas como Ecologistas en Acción advierten de que el balance no debe ser triunfalista. Aunque reconocen un repunte de la población desde los años noventa, denuncian la existencia de «intereses propagandísticos, turísticos y cinegéticos» en torno a la difusión de las cifras oficiales. En este sentido, cuestionan especialmente los datos del último estudio genético presentado en 2020 por varias comunidades autónomas, que situaba en unos 370 los osos pardos de la Cordillera Cantábrica, una cifra cuya coherencia ha sido puesta en duda incluso por la Comisión Europea ante la falta de informes técnicos publicados. Desde Ecologistas en Acción subrayan que el oso cumple un papel ecológico fundamental, es un dispersor de semillas, regulador de poblaciones animales y carroñero, lo que contribuye al control sanitario del medio natural.
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