El oso pardo ocupa ya una superficie de 25.000 km2 en la Cordillera Cantábrica y amenaza a 2.000 colmenares
Fapas pone en marcha un ambicioso proyecto para proteger la apicultura dotado con 850.000 €

Las primeras protecciones se están poniendo en Babia.
El Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas) ha destinado 340.000 euros, aportados por sus socios y colaboradores durante más de dos años y medio, a la protección de colmenares privados en zonas oseras de la Cordillera Cantábrica. Esta inversión forma parte de un ambicioso proyecto que permitirá proteger entre 229 y 300 colmenares, evitando así los daños provocados por el oso pardo en explotaciones apícolas.
Durante los últimos cuatro años, la organización ha desarrollado una campaña intensiva en las montañas cantábricas, con el objetivo de probar métodos eficaces de prevención. Los resultados han sido positivos, ya que se ha logrado establecer un sistema fiable que reduce significativamente los ataques de osos a las colmenas, uno de los principales conflictos derivados de la expansión de esta especie.
El crecimiento progresivo del oso pardo en nuevos territorios ha incrementado los daños a la apicultura, convirtiéndose en el problema más relevante asociado a su recuperación. Ante esta situación, Fapas ha asumido como prioridad la búsqueda de soluciones que permitan la convivencia entre la fauna salvaje y las actividades humanas tradicionales.
Sin embargo, el compromiso no es suficiente sin respaldo económico. Un estudio realizado por la propia organización estimó la existencia de cerca de 2.000 colmenares situados en áreas de presencia o expansión del oso, dentro de un territorio de más de 25.000 kilómetros cuadrados. La magnitud del desafío supera la capacidad de actuación exclusiva de la entidad, lo que ha llevado a recurrir también a financiación pública.
El proyecto cuenta con un presupuesto total superior a 850.000 euros, de los cuales el 60% será cubierto con fondos públicos. El 40% restante, equivalente a los 340.000 euros, proviene íntegramente de aportaciones privadas de socios y colaboradores.
El objetivo principal no solo es actuar sobre colmenares que ya han sufrido daños, sino también implementar medidas preventivas que eviten futuros ataques. Esta estrategia busca reducir el conflicto antes de que se produzca, favoreciendo una coexistencia más sostenible, de la especie con las actividades humanas.
Primeras actuaciones en Babia
Las primeras intervenciones ya están en marcha en la comarca leonesa de Babia, donde durante el pasado invierno se registraron varios ataques de osos. Todo indica que con la llegada de la primavera aumentará la actividad de estos animales, atraídos por la abundancia de colmenas en la zona.
El trabajo también se está extendiendo a aldeas remotas del occidente de Asturias, donde la apicultura forma parte de una tradición histórica profundamente arraigada. En estos lugares aún se conservan antiguos truébanos —colmenas tradicionales—, muchos de ellos actualmente en desuso, pero que reflejan la importancia cultural de esta actividad.
Este proyecto no solo protege la economía de los apicultores, sino que también contribuye a preservar un equilibrio delicado entre la conservación de una especie emblemática y la continuidad de prácticas rurales tradicionales.