Diario de León

Fasgar inicia su recuperación ambiental tras el grave y largo incendio de 2025

Fapas, junto a la Fundación EDP y vecinos de la zona, impulsa un proyecto de restauración

Los responsables del proyecto en la zona afectada.

Los responsables del proyecto en la zona afectada.dl

María Carnero
León

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La localidad de Fasgar, en la comarca leonesa de Omaña, empieza a encaminar la recuperación de un territorio profundamente marcado por uno de los incendios forestales más graves del pasado verano en la provincia de León. El fuego, que se prolongó durante 64 días, formó parte de una campaña especialmente crítica en la que ardieron cerca de 110.000 hectáreas, la peor temporada de incendios registrada desde que existen datos.

El impacto sobre el territorio fue especialmente severo. Amplias zonas de alto valor biológico quedaron completamente arrasadas, incluidos abedulares de montaña donde aún persistían especies tan emblemáticas como el urogallo. La destrucción alcanzó no solo a la masa forestal, sino también a arbustos y especies vegetales esenciales para la alimentación de la fauna salvaje, dejando un paisaje prácticamente irreconocible. En este contexto, el equipo técnico que dirige el proyecto de restauración subraya la magnitud del daño. Según explica Roberto Hartasánchez, responsable de Fapas, «el territorio ha quedado totalmente arrasado, con una intensidad de fuego que ha comprometido incluso la capacidad natural de regeneración del suelo en muchas zonas». A su juicio, la recuperación espontánea a corto plazo es limitada: «es muy difícil que sin intervención activa se puedan recuperar los valores biológicos que se han perdido», señala. Ante esta situación, se ha puesto en marcha un proyecto de restauración ambiental que cuenta con la colaboración de la Fundación EDP y el apoyo de los vecinos de Fasgar, la localidad más afectada por el incendio. Las actuaciones se desarrollan tanto en terrenos públicos como privados, con el objetivo de acelerar la recuperación ecológica de un espacio especialmente frágil. Durante las últimas semanas se ha ejecutado la primera fase de plantaciones, centradas en especies seleccionadas no solo por su capacidad de regeneración forestal, sino también por su papel en la alimentación de la fauna salvaje. Se están introduciendo los denominados «árboles gourmet», diseñados para favorecer especies como el oso pardo y el urogallo, fundamentales en el equilibrio del ecosistema cantábrico. El paisaje, todavía marcado por la devastación, comienza a mostrar pequeñas señales de cambio con la llegada de la primavera, cuando algunas zonas de pradera calcinada empiezan a reverdecer. Sin embargo, los responsables del proyecto advierten que la regeneración natural del arbolado será probablemente limitada. En palabras de Hartasánchez, «la intensidad del fuego sobre el suelo hace prever que la recuperación espontánea no será suficiente para reconstruir el bosque en condiciones adecuadas». A pesar de ello, «lejos de ser un factor de desánimo, esta situación supone un estímulo para actuar con mayor intensidad sobre el territorio», señala el responsable de Fapas. Para proteger parte de las nuevas plantaciones, especialmente especies como cerezos y serbales de cazadores, se han instalado tubos protectores frente al daño de la fauna herbívora, con material cedido por Land Life Iberia. Además, buena parte de la planta utilizada procede de programas de restauración ambiental vinculados a la biodiversidad. El objetivo final es sustituir progresivamente la masa forestal perdida y recuperar la funcionalidad ecológica del territorio. Se espera que algunas de estas especies «gourmet» comiencen a producir frutos en un plazo aproximado de tres años, contribuyendo a restablecer las cadenas alimenticias y favoreciendo el retorno de la fauna. Como resume Hartasánchez, «la meta no es solo plantar árboles, sino devolver la vida a un territorio que hoy está en silencio, pero que tiene capacidad para volver a ser un espacio lleno de biodiversidad».

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