La ULE identifica el ‘cóctel ambiental’ que originó la histórica ola de incendios de 2025
La sequía, la baja humedad, los fuertes vientos y elevada carga de combustible vegetal fueron clave

El investigador del grupo de Ecología Aplicada y Teledetección (GEAT) de la ULE, David Beltrán, en una zona arrasada.
La campaña de incendios forestales registrada en 2025 en el noroeste de la Península Ibérica se ha convertido ya en uno de los episodios más devastadores y excepcionales de la historia reciente del sur de Europa. En apenas unas semanas, las llamas calcinaron más de 524.000 hectáreas entre España y Portugal, dejando imágenes inéditas por la magnitud, velocidad e intensidad de unos fuegos que pusieron al límite la capacidad de extinción y evidenciaron un cambio profundo en la dinámica del fuego.
Ahora, una investigación liderada por la Universidad de León aporta nuevas claves para comprender qué ocurrió y por qué aquella temporada alcanzó dimensiones tan extraordinarias. El estudio, impulsado por el Grupo de Ecología Aplicada y Teledetección (GEAT), identifica una combinación simultánea de factores ambientales —descrita por los investigadores como un «cóctel» de condiciones extremas— como principal detonante de aquella crisis.
El trabajo ha sido coordinado por Leonor Calvo, José Manuel Fernández Guisuraga y David Beltrán Marcos, referentes en el análisis de incendios forestales y dinámica ecológica del fuego. A través de técnicas de teledetección, análisis espacial y modelos de inteligencia artificial, el equipo examinó un total de 66 grandes incendios forestales —aquellos que superaron las 500 hectáreas quemadas— ocurridos durante el verano de 2025 en el noroeste de España y Portugal.
Grave estrés hídrico
Los resultados muestran que la magnitud de los incendios no puede explicarse por una única causa. Los investigadores señalan la acumulación de sequía durante los meses previos como uno de los elementos fundamentales, ya que generó un estrés hídrico generalizado en la vegetación y aumentó su capacidad de combustión. A esto se sumaron niveles extremadamente bajos de humedad atmosférica en los días previos a los incendios, así como episodios de viento intenso que favorecieron una propagación rápida e impredecible de las llamas.
Según explica el investigador David Beltrán Marcos, la campaña de 2025 supuso una «ventana única» para entender cómo se desencadenan los denominados Eventos Extremos de Fuego, episodios cada vez más frecuentes y más destructivos en el sur de Europa. «Lo que ocurrió fue una sincronía espacial y temporal sin precedentes», subraya. A diferencia de otras temporadas de incendios extremos registradas en distintos puntos de Europa, los grandes fuegos de 2025 se concentraron de manera casi exclusiva en el noroeste peninsular.
Uno de los datos más significativos del estudio es que apenas una cuarta parte de los 66 grandes incendios analizados concentró el 75% de toda la superficie afectada. Entre ellos destacaron once Eventos Extremos de Fuego que, por su intensidad y velocidad de propagación, superaron con creces la capacidad de respuesta de los dispositivos de extinción. En muchos casos, las condiciones meteorológicas y la continuidad del combustible vegetal convirtieron los incendios en prácticamente inabordables.
Entre los ejemplos más representativos de aquella campaña se encuentran el incendio de Molezuelas de la Carballeda, entre Zamora y León, que arrasó unas 37.000 hectáreas, y los fuegos registrados en distintos puntos de la provincia de León, donde se quemaron cerca de 90.000 hectáreas. Ambos casos ilustran la dimensión de un episodio que, según los investigadores, puede marcar un punto de inflexión en la evolución del régimen de incendios forestales en la región.