Diario de León

Francisco Rodríguez Mulero, presidente de Seiasa: «Hablar de agua es hablar de país, de empleo y de cohesión territorial»

Con una inversión acumulada de más de 347 M€, León tiene nuevos proyectos en marcha para modernizar el regadío, mejorar la eficiencia hídrica y energética y reforzar la competitividad del sector agrario

El presidente de la Sociedad Mercantil Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa), Francisco Rodríguez Mulero.

El presidente de la Sociedad Mercantil Estatal de Infraestructuras Agrarias (Seiasa), Francisco Rodríguez Mulero.dl

María Carnero
León

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—Usted ha asegurado que León es una prioridad para el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y para Seiasa ¿En qué sentido?.

—Tanto la provincia de León, como el resto de la comunidad autónoma, ocupan un lugar absolutamente prioritario en nuestra planificación estratégica. De hecho la inversión realizada en Castilla y León por el Mapa, a través de Seiasa, ha alcanzado la cifra de 727,46 millones de euros (el 25,67% del total nacional), habiendo finalizado 69 actuaciones de modernización para 35 comunidades de regantes, con una superficie modernizada de 115.692 hectáreas (el 14,36% del total nacional) y beneficiando a 45.377 regantes (17,59% del total nacional). Lo anterior supone que, en el histórico de lo ejecutado por la Sociedad, Castilla y León ha contado con el mayor volumen inversor a nivel nacional, distanciándose claramente de otras comunidades autónomas. De esta inversión total en Castilla y León, la provincia de León ha acaparado 347,20 millones de euros, con 24 obras finalizadas, en las que se han modernizado 57.716 hectáreas que cultivan 21.467 regantes. Esto significa que en el regadío leonés se ha concentrado el 47,72% de toda la inversión realizada en el conjunto de la comunidad autónoma, es decir, casi la mitad, por lo que creo que las cifras hablan por sí solas.

—¿Qué actuaciones concretas pueden esperar los regantes leoneses en los próximos años?

—En la actualidad, en la provincia de León, el Ministerio de Agricultura desarrolla otras 6 obras de modernización de regadíos que suponen una inversión conjunta de 168,89 millones de euros. Esto representa el 27,27% del total de las obras planificadas en la Comunidad y el 32,35% de toda la inversión para Castilla y León.

—León concentra ya más de 57.000 hectáreas modernizadas. ¿Qué balance hace del impacto real que han tenido estas inversiones sobre la rentabilidad de las explotaciones?

—El balance histórico es extraordinario y demuestra que hablar de agua es hablar de país, de empleo y de cohesión territorial. El impacto real se traduce en un sector agrario mucho más competitivo. Desde el punto de vista económico, la modernización garantiza explotaciones familiares más rentables, eficientes y mejor preparadas para afrontar un contexto global cada vez más exigente.

—¿Qué proyectos considera ahora estratégicos y urgentes para la provincia de León?

—En este momento, los proyectos de mayor envergadura económica se concentran en las zonas de Velilla, Porma, El Bierzo y Villadangos. Dentro de las actuaciones financiadas por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, destacan de manera prioritaria la modernización de la Ribera Alta del Porma con un presupuesto de 58 millones de euros. Asimismo, son estratégicos los Sectores II y III de la Margen Izquierda del Porma, divididos en su Fase I, de 31,69 millones, y su Fase I-Bis, de 9 millones de euros. En la comarca de El Bierzo, la Fase I del Canal Bajo cuenta con 31 millones de euros asignados. Por la vía del convenio tradicional, estarían las Fases I y II del Canal de Villadangos, que suman un presupuesto conjunto de 55 millones de euros.

—La Junta reclama agilizar actuaciones como Villadangos o el Canal del Esla. ¿Hay calendario o compromisos concretos para estas infraestructuras?

—Los compromisos del Mapa y de Seiasa son firmes y se reflejan de forma clara en el avance técnico de los proyectos. Las actuaciones de modernización del Canal de Villadangos han logrado un hito decisivo. Tanto la Fase I, dotada con 26 millones de euros, como la Fase II, con 29 millones de euros, obtuvieron su Declaración de Impacto Ambiental con carácter positivo el pasado 17 de febrero de 2026 y se encuentran ya en la fase final de tramitación. Los tiempos de la tramitación de un proyecto son los que son y garantizan tanto su viabilidad como su legalidad. Respecto a la modernización de la Comunidad de Regantes del Canal del Esla, Fase I, que cuenta con un presupuesto de 14,84 millones de euros e involucra a León y Zamora, el proyecto está planificado en la Sexta Adenda y estamos agilizando la firma del convenio con los regantes.

—¿Existe riesgo de que algunas obras se retrasen por el incremento de costes o por cuestiones burocráticas?

—La gestión de Seiasa está diseñada precisamente para dotar de estabilidad, rigor técnico y seguridad jurídica a los proyectos de modernización. Trabajamos de forma continua para resolver de manera anticipada los complejos trámites burocráticos y ambientales propios de las grandes obras que ejecutamos. El grueso de los proyectos asignados a León a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia ya se encuentran prácticamente en su última fase de ejecución. Por otra parte, contamos con la flexibilidad que aportan las adendas al Convenio Mapa-Seiasa, como la Sexta Adenda firmada el 9 de diciembre de 2025, que nos permite reajustar presupuestos de forma ágil para incluir proyectos considerados necesarios y proteger el interés de los agricultores.

—Muchos agricultores consideran que los costes energéticos están poniendo en riesgo la viabilidad del regadío. ¿Qué soluciones plantea Seiasa?

—La respuesta del Ministerio de Agricultura, a través de Seiasa, a la crisis energética es estructural y contundente, gracias al marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Estamos dando un salto cualitativo sin precedentes, al centrar los nuevos proyectos en el despliegue masivo de energías renovables y eficiencia energética. Existe un claro mandato para romper de forma definitiva la dependencia de los combustibles fósiles y de las tarifas eléctricas tradicionales mediante plantas solares fotovoltaicas y digitalización. El objetivo medioambiental y económico es claro: lograr un uso eficiente del agua con una reducción significativa del consumo energético y de la huella de carbono, blindando así la rentabilidad de las explotaciones.

—¿Habrá nuevas líneas de ayudas específicas para modernizar regadíos ya modernizados, especialmente en eficiencia energética?

—Nuestra estrategia actual ya contempla esa necesidad de mejora continua a través de fondos específicos. El Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia ha supuesto movilizar recursos públicos sin precedentes en un tiempo récord para acelerar la modernización y avanzar hacia los objetivos climáticos de la Unión Europea. Proyectos como los del Porma o el Bierzo, en León, demuestran que el Ministerio vuelve a intervenir en zonas existentes para implantar tecnologías de última generación en eficiencia hídrica y energética, entendiendo que la modernización es un proceso vivo.

—¿Cómo condiciona el cambio climático la planificación futura de los regadíos en León?

—El cambio climático exige una transformación radical de las infraestructuras, y por eso nunca antes se había producido una convergencia tan clara entre política agraria, hidráulica y climática. Hace ya más de seis años que la planificación de Seiasa se basa en la resiliencia y la responsabilidad ambiental. Diseñamos redes digitalizadas y telecontroladas capaces de optimizar cada gota de agua y reducir a cero las pérdidas, garantizando la soberanía alimentaria y la producción de alimentos de forma sostenible, incluso en los escenarios climáticos más adversos. Esto siempre con la premisa y obligatoriedad de cada proyecto, no sólo de no dañar el medioambiente en el que se desarrollan, sino de mejorarlo en la medida que sea posible. Es una premisa que imponen como condición «sine qua non», por ejemplo, los fondos europeos Next Generation que cofinancian los proyectos del PRTR.

— ¿Hasta qué punto la modernización está permitiendo ahorrar agua de forma real y medible en León?

—El ahorro es sustancial, directo y perfectamente medible gracias a la digitalización integral del regadío que estamos implantando en las nuevas redes. Al sustituir las acequias tradicionales por tuberías a presión controladas digitalmente, eliminamos por completo las pérdidas de agua en el transporte y las fugas por el deterioro de los canales. Esto permite un uso mucho más eficiente del recurso, produciendo más y mejor con menos. Se sustituyen por redes presurizadas de tuberías enterradas y la implantación de sistemas de telecontrol digital. Los datos de las zonas ya modernizadas confirman que el agua se aplica estrictamente cuando, donde y en la cantidad exacta que el cultivo necesita, garantizando la sostenibilidad de las cuencas hidrográficas. El ahorro estimado de agua suele estar entre el 20 y el 30 por ciento a nivel de parcela.

—¿Cómo se puede atraer industria agroalimentaria a León aprovechando la modernización del regadío?

—La industria agroalimentaria busca estabilidad, regularidad y calidad en el suministro de materias primas. Un campo modernizado como el leonés, que lidera la inversión a nivel nacional, ofrece una garantía de producción que muy pocas regiones pueden igualar. La modernización permite a los agricultores profesionales asegurar contratos a largo plazo con la industria y adaptar sus cultivos a las demandas cambiantes del mercado global. El regadío tecnológico es la herramienta estratégica que convierte al sector primario de León en un socio fiable, competitivo y atractivo para las grandes empresas transformadoras.

—¿Qué balance hace sobre el regadío como una herramienta real para fijar población joven en el medio rural leonés? ¿Tiene algún dato al respecto?

—El balance demuestra con hechos que la modernización de regadíos es la herramienta social más potente para fijar población, mejorar la calidad de vida y facilitar el relevo generacional en el medio rural. La modernización y transformación del regadío no es solo una política agraria, es la política de fijación de población y de relevo generacional más potente y real con la que cuenta la provincia de León. Una hectárea de regadío genera hasta seis veces más valor económico y empleo que una de secano, lo que convierte al sector primario en un motor de estabilidad y futuro.

«El campo leonés tiene un futuro extraordinario»

—¿Qué mensaje trasladaría a los jóvenes agricultores que dudan si continuar o no en el sector?

—Les diría con total convicción que el campo leonés tiene un futuro extraordinario y que no están solos. Las millonarias inversiones que está desplegando este Gobierno están pensadas precisamente para garantizarles un futuro. A los jóvenes no les pedimos que mantengan una actividad del pasado, sino que lideren una agricultura de vanguardia tecnológica, sostenible y competitiva. El trabajo conjunto entre el Estado, Seiasa y organizaciones clave como Ferduero está volcado en acompañar a las comunidades de regantes en este relevo generacional. El campo es una política estratégica de Estado y ellos son sus protagonistas.

—En un contexto de costes disparados y campañas cada vez más difíciles, ¿teme que muchas explotaciones familiares desaparezcan en la próxima década?

—El riesgo de los costes es real, y por eso el Gobierno de España interviene de forma tan contundente acelerando la modernización.

La inversión de Seiasa es el escudo técnico y económico más eficaz para proteger a la agricultura profesional y familiar. Al reducir drásticamente el consumo de energía y optimizar el uso del agua, las explotaciones se vuelven más competitivas y resilientes frente a las crisis externas de precios. Nada de esto sería posible sin la estrecha colaboración institucional con la Junta de Castilla y León, Itacyl y Ferduero, uniendo fuerzas para asegurar que el tejido familiar agrario siga siendo el motor económico de nuestros pueblos.

—Si tuviera que definir en una frase el futuro del campo leonés, ¿cual sería?

—El futuro del campo leonés es el de una agricultura de vanguardia plenamente tecnológica, sostenible y altamente rentable, consolidada como el eje estratégico de la riqueza, el empleo y la vida en nuestro medio rural.

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