Un nuevo protocolo endurece la respuesta ante los osos habituados a núcleos urbanos
El texto amplía las medidas de disuasión y regula la extracción de ejemplares conflictivos

En osos heridos, el protocolo fija un procedimiento rápido para activar equipos especializados.
La gestión del oso pardo en la Cordillera Cantábrica afronta una nueva etapa con la aprobación de la actualización del Protocolo de Intervención con Osos, un documento técnico y operativo que redefine la forma de actuar ante situaciones de riesgo o conflicto con esta especie protegida y que ha contado con una participación activa de la Junta de Castilla y León en su revisión e impulso.
La actualización, aprobada por la Conferencia Sectorial de Medio Ambiente, revisa el texto inicial de 2019 y responde a un escenario completamente distinto al de hace apenas una década. El oso pardo ha dejado de ser una especie al borde de la desaparición en la Cordillera para convertirse en una población en expansión, fruto de años de políticas de conservación, vigilancia y protección de su hábitat. Ese crecimiento, sin embargo, lleva asociado un fenómeno paralelo: el aumento de incidencias que requieren intervención humana. La aparición de osos heridos, crías abandonadas, ejemplares que pierden el miedo a las personas o animales que generan conflictos reiterados con la actividad ganadera o con la vida cotidiana en pueblos de montaña ha obligado a revisar y afinar las herramientas de gestión. En ese contexto, Castilla y León ha sido una de las administraciones que más ha defendido la necesidad de actualizar el protocolo, especialmente por la realidad que se vive en la provincia de León, uno de los territorios más importantes para la conservación de la especie y, al mismo tiempo, uno de los espacios donde esa convivencia entre osos y personas es más intensa. León concentra una parte muy importante de la población osera cantábrica, especialmente en el núcleo occidental, con áreas de presencia consolidada en comarcas como Laciana, Babia, Omaña, Alto Sil, Luna y la Montaña Oriental. La provincia actúa además como corredor ecológico entre diferentes áreas de distribución y se ha convertido en uno de los principales territorios de expansión natural del oso. Ese crecimiento ha traído consigo un aumento de los contactos con el ser humano. La presencia de ejemplares en núcleos habitados, incursiones en explotaciones apícolas, accesos a contenedores o ataques al ganado forman parte de una realidad cada vez más visible en algunas zonas de la montaña leonesa. Precisamente, uno de los principales avances del nuevo protocolo es que por primera vez se concreta con mucha mayor precisión qué tipo de oso está implicado en cada situación y qué margen de actuación tiene la administración. El documento establece tres grandes categorías: oso con problemas, oso habituado y oso problemático. Los osos con problemas son aquellos que requieren intervención por causas como heridas, enfermedad, envenenamiento, atrapamientos o separación de crías. En estos casos, el protocolo fija un procedimiento rápido de activación de equipos especializados, evaluación veterinaria y posible traslado a centros de recuperación. Pero la principal novedad está en la definición de los llamados osos habituados. El nuevo texto aclara que son aquellos ejemplares que acceden de forma recurrente a zonas habitadas en busca de alimento de origen humano, como huertas, basura o incluso el interior de viviendas o edificaciones, y que además no reaccionan con huida ante la proximidad de personas. La novedad más importante es que se incorpora también la figura del oso en proceso de habituación, lo que permite intervenir de forma preventiva antes de que ese comportamiento se consolide y derive en un problema mayor. Se trata de un cambio especialmente relevante para León, donde este tipo de episodios son ya habituales y donde la administración considera clave actuar con rapidez para evitar que el animal asocie definitivamente la presencia humana con la obtención fácil de alimento. El protocolo fija como primera línea de actuación la aplicación de técnicas de disuasión. Entre ellas figuran métodos acústicos, presencia de personal especializado, utilización de perros controlados, artefactos pirotécnicos, sprays anti-oso, pistolas de paint-ball con pimienta, bolas de goma o munición less-letal. El propio documento reconoce que muchas de estas herramientas son habituales en otros países con poblaciones estables de grandes carnívoros, pero en España requieren autorizaciones específicas, por lo que se refuerza la necesidad de coordinación administrativa y jurídica, especialmente con la Guardia Civil. La Junta de Castilla y León ha insistido durante la tramitación en la necesidad de dotar de seguridad legal a estas intervenciones, precisamente para agilizar la respuesta en territorios sensibles como la montaña leonesa. Si estas medidas fracasan, el protocolo da un paso más y contempla la posibilidad de capturar y extraer del medio natural al ejemplar, aunque no haya mostrado agresividad, si persiste el riesgo de contacto con personas.