El alcalde de Fresno de la Vega reclama ayudas para los agricultores que planten pimientos morrones
El Centro de Formación Activa en las Artes de la Huerta pretende salvar una tradición de siglos

De los semilleros a la huerta, con el fruto del inconfundible morrón.
El relevo generacional es uno de los retos a los que se enfrenta el cultivo de la huerta y, en particular, el pimiento morrón. El alcalde de Fresno de la Vega, Alfonso Melón, señala que para ayudar a que este producto sobreviva a los tiempos modernos es necesario «ayudar a los agricultores que planten pimientos morrones».
«¿Por qué se empezó a sembrar maíz en todos la rivera del Esla? Porque les compensaba económicamente por las ayudas», subraya el edil. Para enganchar a las nuevas generaciones con el cultivo de un producto tan exclusivo y delicado el equipo de Melón trabaja en la puesta en marcha del Centro de Formación Activa de las Artes de la Huerta.

Los hermosos morrones en la mata.
En una antigua casa de labranza, donada por Domingo Morán a Cáritas parroquial de Fresno, planean implantar un centro que recoja y documento el conocimiento de los hortelanos, para irradiar conocimientos teóricos y prácticos mediante talleres y cursos formativos. «Desde diciembre estamos esperando a que la Diputación nos dé el visto bueno a la permuta planteada para adquirir el edificio», subraya. «Si las administraciones, realmente, están decididos a apostar por el medio rural, esta es su oportunidad de demostrarlo», añade el alcalde.
La Feria del Pimiento Morrón de Fresno de la Vega, declarada de Interés Turístico Regional, es el escaparate de este sistema hortícola que ha trascendido de las artes tradicionales a la mecanización de los trabajos en el campo.

Los semilleros, cubiertos con mantas de protección, son la primera fase del cultivo.
La elaboración de conservas completa el ciclo de los pimientos y las numerosas hortalizas que, a lo largo de todo el año, se cosechan en las huertas de Fresno de la Vega. Los mercados y plazas, además de cadenas de supermercados son los principales clientes, además del autoabastecimiento para las conserveras.
El pueblo cuenta con otras herencias culinarias como son la repostería y las comidas de cofradía.