Diario de León

CARTA TE ESCRIBO Martín Martínez

El cha-ca-chá del tren

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Querido hermano: Fue el delirio; Zapatero arrasó en su visita a la ciudad, a la que tiene cierta querencia; no en balde aquí se parió aquel pacto de la mantecada que fue su catapulta provincial, cuando andaba haciendo ensayos para afeitarse. Aquí afeitó a los viejos -aunque jóvenes- santones del socialismo leonés, y mira donde está él. En Astorga recibió un baño de multitudes, como no se había visto nunca por estos pagos. Daba la impresión que para el 04, el astorgano García Prieto tendría réplica leonesa en el banco azul. Fue tal la cosa que la calle Padre Blanco se colmó -recuerda lo de Felipe- de dioses menores, diosecillos, demonios y diablesas en torno al dios; todos al rebufo de Zapatero, todos buscando un lugar al sol y muchas pidiendo autógrafos que algún día sacarán del secreter para mostrar a los nietos, seguro. Llegaron todos, hermano. De León, del Bierzo, de la Montaña, de las parameras y las riberas; alguien de La Baña le lloraba a Zapatero el poco caso que la comarcal le hacía, culpándola de dejar el terreno libre a Ramiro. Llegaron todos, pues como la sombra del ciprés puede alargarse la de José Luis, cobijar a muchos, y buena ocasión para tentar la oportunidad. ¿Sabes una cosa? Esta visita, te lo digo, ha sido el empujón definitivo para Juanjo. Él lo niega, se calla, habla de marzo, de negociaciones de cara a Fuensaldaña; le darán lo que pida y este tu hermano está en disposición de jugarse el bigote: Juanjo repetirá candidatura. Lyda, la Casa Panero, el Museo del Chocolate, las promesas y las expectativas están de ese lado de la balanza. Al tiempo si no. También, querido, llegó Ángel Villalba, aspirante a Valladolid; le tenía ganas y me concedió dos minutos. Lo emplacé, por si llega al palacio de Asunción, para el mes de junio, por aquello de los promesas que en tiempo de elecciones nacen como setas. Dejó Villalba en los oídos de los astorganos el cha-ca-cha del tren, el casi olvidado silbido del Maragatanian, el eco de las berronas y el balido de la trashumancia; también dejó el tardío arrepentimiento del trenicidio, del que fue cómplice en 1985, para cerrar la línea que decimos del Oeste. Confesó la equivocación del PESOE y la intención de arreglar el desaguisado; escamado rememoro a aquel nuestro primer maestro, don Matías y su tarde piache. Porque han tenido que pasar casi veinte años para que Villalba reconozca el error públicamente; han tenido que pasar casi veinte años para que Zapatero, que ya entonces mandaba lo suyo por estas tierras y no abrió la boca, apoye ahora la tesis del secretario regional. Lo cierto es, hermano, que se divisan las elecciones con una campaña larga, larga, y los aspirantes a los centenares de pesebres se vuelven tarumbas como aquellas vacas. Ahora todos, de uno y otro signo, llegan con promesas; reabren líneas de ferrocarril, hablan de alta velocidad y de velocidad alta que no sé la diferencia, porque soy muy burrín; lo que todos nos negaron, un hospital comarcal, es aspiración astorgana que hay que complacer. Después del 25 de mayo ya te contaré, gane quien gane, donde han quedado las promesas hechas con tanta alegría. Claro, que todavía nos quedan muchas visitas y habrá promesas a mogollón; por ejemplo no ha llegado, y llegará la Doña, Isabel Carrasco, que se ve anda muy ajetreada y no ha podido cumplir la visita prometida, ahora, a Perandones. Con seguridad que traerá carros y carretas. En Zapatero tienen puestas sus ilusiones muchos astorganos, aunque los escépticos digan que en la tira de años que lleva en el ajo poco haya hecho por Astorga; lo de la mantecada los anima, que aquel recuerdo de algo puede servir. Con seguridad más que la tardía marcha sobre la autopista.

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