Diario de León

Los criadores de porcino, asombrados por la norma que obliga a facilitar juguetes a los cerdos

La aplicación por parte del Reino Unido de la directiva comunitaria sobre bienestar de los cerdos, a la que añaden la obligación de dar juguetes a los animales para que se desestresen y no se agredan, ha causado estupor entre los criadores de L

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Redacción - LEÓN. Juan Vázquez
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«Hemos llegado a unos niveles en que el bienestar de los animales está por encima de los hombres», comenta Marcelo Nava, un joven ganadero de 28 años que hace tres años se decidió a montar una granja en Villademor de la Vega, en la que actualmente tiene cien cerdas de cría. Marcelo es el primero que defiende la necesidad de que los animales estén en unas condiciones aceptables, e incluso él mismo ya adopta por iniciativa propia la medida de dar juguetes a los cerdos. «Cuando se aburren, los animales pueden morderle la oreja o el rabo al de al lado, y si les dejas una pelota, una cadena o algo que haga ruido, se entretienen y están más tranquilos», explica. Aún así, este joven criador lamenta que cada dos por tres surjan normas nuevas que les obligan a reformar sus granjas o a hacer inversiones, sin contar con ningún tipo de apoyo. «Me parece bien que se apliquen mejoras, pero que te digan tienes que hacer esto, aquí tienes este dinero y estas facilidades, porque a la hora de la verdad sólo te dicen a lo que estás obligado, lo tienes que asumir tú solo y ni siquiera los ayuntamientos dan facilidades para hacer unas obras que te están exigiendo», lamenta Marcelo Nava, que explica que este tipo de medidas suponen un sobreprecio en el coste que después no repercute en el precio que cobran por la carne en un sector que atraviesa una crisis de precios importante. «Hacer una granja nueva hoy en día, con las exigencias que existen y según está el mercado sería casi imposible», comenta Marcelo, que explica que cuando él montó la suya hace tres años, ya en plena crisis y un año antes de la directiva sobre bienestar del ganado porcino, tuvo que ejecutar una inversión importante que se hubiera encarecido en diez millones de pesetas si la hubiera hecho sólo seis meses después. «Tienes la cuadra acondicionada y conforme a la Ley, pero cada dos por tres tienes que hacer cambios, y esto es porque las normas se hacen desde los despachos, sin que nadie se moleste en preguntar a quien en realidad está cada día con el ganado para sopesar cuál va a ser la repercusión», lamenta. Necesidad de ayudas públicas Alfonso Chillerón, el presidente de la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales, que se hizo popular hace un par de años por su reivindicación -finalmente atendida- de que los cerdos sean aturdidos antes de ser sacrificados en las matanzas, coincide con Marcelo en que el coste de estas medidas no puede repercutir únicamente en los granjeros. «Nosotros siempre hemos pedido a la Unión Europea que estas medidas vayan acompañadas de ayudas suficientes para que el coste no lo asuman únicamente los ganaderos», comenta, al tiempo que anuncia una campaña en Bruselas para que Europa se muestre intransigente en las negociaciones con la Organización Mundial del Comercio a la hora de cerrar las fronteras al ganado que ha sido criado en terceros países en los que no se respetan este tipo de medidas. Los juguetes, sólo en Inglaterra En cuanto a la medida concreta de facilitar a los cerdos juguetes, Chillerón quiere aclarar que la directiva comunitaria se limita a reclamar elementos que estimulen la vitalidad de los animales, como lechos de heno, paja o la necesidad de que cuenten con luz, pero la introducción de otro tipo de juegos, como cadenas o pelotas, es una iniciativa que ha tomado el Reino Unido voluntariamente como mejora a la norma europea, pero sólo para su país, de forma que no será obligatorio en el resto de Estados miembros. «El Reino Unido siempre ha ido por delante en protección de los animales, y por eso ha mejorado la directiva comunitaria, que marca unos mínimos, pero que a partir de ahí cada país puede enriquecerla por su cuenta», explica el presidente de Anpba para aclarar la confusión que se haya podido generar entre los criadores. Medidas de concienciación Desde las organizaciones profesionales se considera que las medidas de bienestar animal suponen una exigencia social a la que se debe adaptar el ganadero, como comenta José Antonio Turrado, de Asaja, que considera ineludible adoptar estas medidas en un sector que cuenta con unas subvenciones que se perderán si se incumplen estas normas. En la misma línea se pronuncia Matías Llorente, de Ugal-UPA, que aún así considera que la protección del animal ha llegado a unos niveles que el ganadero, por su cultura anterior, no consigue comprender. «Aquí -advierte- es donde se está fallando».

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