Las obras de encauzamiento de los ríos dañan la riqueza del paisaje y la fauna para impedir las inundaciones
Más de 2.500 hectáreas de riberas fluviales de la provincia de León han sido seleccionadas como lugares de importancia comunitaria dentro de la red Natura 2000. Pero las obras de encauzamiento y recuperación de ríos que se acometen en los cauce
LEÓN. Ana Gaitero Redacción Los vertidos son la principal causa de sanciones en la cuenca del Duero. De los 226 expedientes cursados en el 2001 por la Confederación Hidrográfica del Duero en la provincia de León, casi el 50% tuvieron como motivo la contaminación de los cauces fluviales con vertidos no autorizados. Otras 29 fueron impuestas por ejecutar obras sin permiso, siete por riegos abusivos y otras tantas por abrir pozos, también sin licencia, y explotación de áridos. El mismo número de sanciones, cuyo importe en multa no supera los 6.000 euros de media, fueron impuestas por plantaciones y otras dos por talas no autorizadas. En la parte fluvial de la provincia que controla la Confederación Hidrográfica del Norte, las sanciones por vertidos fueron inferiores, en número, a las impuestas por obras no autorizadas, que alcanzaron un total de 80 multas por importe de 117.000 euros. Las obras que realizan las confederaciones no son ilegales, pero cada vez más se critican sus efectos negativos. Los expertos lamentan el impacto que causan sobre la riqueza de las riberas las obras de canalización ejecutadas a modo de escollera, cuando la tendencia en Europa en técnicas de recuperación de cauces es la renaturalización, mediante las técnicas ideadas por la emergente ingeniería biológica. «Se está creando una confusión muy grande entre obra pública y restauración de los ríos», subraya el profesor de la Universidad de León, Benito Fuertes. La inversión de grandes cantidades de dinero -como se hace en León o se tiene previsto en Valencia de Don Juan- no es sinónimo de recuperación de las riberas. «Lo que se está haciendo son canalizaciones», precisa. El problema -añade- es que «cuando se quita la vegetación es cuando el río puede entrar en otros sitios e incorporar nuevos sedimentos al cauce, rompiendo el equilibrio del sistema». Fuertes recuerda que la causa de que un autobús cayera al río Duero en Portugal al desplomarse un puente fue, precisamente, la explotación de graveras que obligó al río a obtener otros sedimentos y arrastrarlos hasta socavar la estabilidad del puente. De las más 2.500 hectáreas de ribera reconocidas como LIC (Lugares de Importancia Comunitaria) en la provincia de León, 1.117 pertenecen a la subcuenca del río Esla, 879 hectáreas a la del río Órbigo, 324 a la del Sil y otras 243 a la del Cea. No figuran los ríos Cabrera y Eria, el uno tributario del Sil y el otro del Duero, aunque se incluyen como LIC un total de 6.630 hectáreas de la Sierra de la Cabrera en los municipios de Encinedo y Truchas por los que discurren parcialmente ambos cauces. La Comisión Europea reconoce, al plantear la necesidad de la red Natura 2000, que «los ecosistemas fluviales y los estuarios, que revisten un interés fundamental para numerosas especies, han sufrido un importante deterioro en toda Europa». Durante siglos, la agricultura y el pastoreo regularon el funcionamiento de estos hábitats seminaturales. «El abandono de dichas prácticas -opina la Comisión Europea- han ocasionado un empobrecimiento generalizado de la biodiversidad y de la variedad de paisajes». Los pueblos se enfrentaban a las ríadas con trabajos de concejo para hacer gaviones con mimbre, ramas, cascajo y tierra a fin de proteger cultivos y caseríos. 2004: protección de LIC En el 2004 culmina el plazo para establecer las medidas necesarias para proteger y gestionar estas zonas de especial conservación, según la información facilitada por la Junta de Castilla y León. Para entonces, estarán terminadas o en fase de inicio el centenar de obras de canalización que la Confederación Hidrográfica del Duero acomete en los ríos de su cuenca desde el año 2001. Existe un catálogo de zonas húmedas, pero no se ha realizado uno de riberas que vincule legalmente su protección, indica el profesor de Biología Animal. El Libro Blanco del Agua en España también indica que la práctica tradicional de encauzamientos de ríos, la corta de meandros, el aumento de la sección de los cauces por limpiezas y dragados, la creación de motas artificiales, la extracción de áridos y remoción de la vegetación de riberas han empobrecido la biodiversidad de los ecosistemas. Este documento reconoce que «con frecuencia estas actuaciones eran las únicas posibles para resolver situaciones de poblaciones, en otras ocasiones, su utilidad o beneficios reales eran muy dudosos», para recomendar «la estricta salvaguarda de los tramos mejor conservados y de los que tengan mayor interés ecológico». Las escolleras con taludes no verticales son el método más habitual para realizar los encauzamientos, tanto en tramos urbanos como en otros rurales de las riberas. El resultado son ríos como canales, homogéneos y aparentemente mansos; se persigue evitar los efectos de las ríadas, que el río se salga (del cauce) cuando llegan las épocas de lluvias. El alcalde de Carrizo de la Ribera, José Luis Martínez, justifica en el problema de las avenidas el encauzamiento realizado en el río Órbigo a su paso por la localidad, en un tramo de más de dos kilómetros. «El pueblo está muy bajo y tenemos problemas de inundaciones. Esas cosas que dicen los ecologistas están muy bien cuando se vive en León en un octavo piso», precisa. Lo que no se dice en instancias oficiales es que la invasión del dominio público hidráulico por obras públicas y privadas, al igual que ciertas prácticas agrícolas o de explotación del río inadecuadas son el origen de las inundaciones y de la erosión del río sobre las orillas. «En ocasiones, con las canalizaciones sólo se consigue trasladar aguas abajo el problema que se pretendía solucionar», subraya una campaña de restauración de riberas realizada por la sección de Asturias del Colegio Oficial de Biólogos. Las plantaciones de choperas hasta el límite de los cauces con las orillas o la extracción de gravas arrasan la vegetación ribereña, que debe tener libres los cinco primeros metros de cada orilla para hacer frente a los cambios del río y a los niveles de avenidas ordinarias que se producen cada diez años. La vegetación de las márgenes tiene la función de estabilizar las orillas para evitar la erosión y contribuir a filtrar la contaminació. Sirven, también, de refugio, sombra y alimento de diversas especies animales. En total, deberían tener tres cinturones de vegetación natural (sauceda, chopera y olmeda). La Confederación Hidrográfica del Duero ha canalizado 49 tramos de ríos y arroyos en la provincia de León en los dos últimos años y tiene pendientes otras 34 obras aprobadas, además de 17 solicitudes de ayuntamientos y juntas vecinales aún no atendidas por falta de presupuesto. Otras 14 han sido ejecutadas por los municipios de Vegaquemada, Turcia, Castrocalbón, Cármenes, Puebla de Lillo, Quintana y Congosto, Murias de Paredes, Rioseco de Tapia, Valdevimbre, La Pola de Gordón, Benavides de Órbigo, Cabrillanes, Val de San Lorenzo y Villamejil. También se realizan obras de encauzamiento en León capital, en los ríos Torío y Bernesga, y en Ponferrada, en el río Sil.