Diario de León
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León

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El 23 de diciembre se produjo un incendio casual que, lamentablemente, redujo a cenizas el vetusto palacio. Una vez dada la voz de alarma, apenas hubo tiempo para el desalojo de las personas y fue preciso arrojar por los balcones muebles y objetos, además de la riquísima biblioteca que se cobijaba entre sus muros. El obispo Grau se trasladó entonces al seminario y recordando a su amigo de la niñez, ya convertido en un arquitecto de renombre, llamó a Antonio Gaudí para que realizase los planos del nuevo palacio. Gaudí se puso de camino a la capital maragata y concibió el proyecto para una obra que fuese el asombro de propios y extraños, emplazada en el mismo lugar que ocupara la antigua residencia. Al hacerse la excavación para poner los cimientos de la construcción, apareció una hermosa arcada con cinco arcos, sobrepuestos a otros cinco, con esbeltas columnas estriadas y en cuyos capiteles podían apreciarse las armas del obispo don Álvaro Osorio. La primera piedra se colocó el día 24 de junio de 1889, coincidiendo con la onomástica del obispo Grau, iniciándose una obra que acabaría por convertirse, tras el paso de no pocos años y sinsabores, en una perla arquitectónica motivo de orgullo para Astorga. El prelado era un hombre instruido y erudito, de buen carácter y gran afabilidad personal, que confió por completo en su amigo Gaudí para la realización de un auténtico sueño tallado en piedra. El obispo seguía con sus labores habituales, destacando el importante sínodo diocesano celebrado en Astorga durante el mes de junio de 1890. Los trabajos en el palacio episcopal llevaban un buen ritmo y todo hacía presagiar un final rápido y feliz para tan ambiciosa empresa. Pero en ese momento la fatalidad se cruzó en la trayectoria personal del obispo Grau.

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