La vitalidad comercial de la villa

El mercado de la ciudad fue uno de los más importantes durante la Edad Media y Madoz afirma que era el más concurrido de toda la zona a mediados del siglo XIX

Publicado por
José Tomé - la bañeza
León

Creado:

Actualizado:

Hoy concluimos la serie de entregas dedicadas a la plaza de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, conformada como un moderno enclave donde se ubica el parque infantil y sus múltiples elementos de juego para los más pequeños. Un entorno presidido antaño por calles como las Nogalas y la bautizada como Nueva, cuyos trayectos discurrían por estos remozados parajes. Aquí al lado se encontraba, junto a la actual vía dedicada a Juan de Ferreras, la llamada puerta de la calle Nueva, lugar habitual de entrada o salida hacia Benavente. Los Reyes Católicos, grandes protagonistas de la configuración definitiva de España como una nación homogénea e impulsores de la gesta marítima que llevaría al navegante Cristóbal Colón al descubrimiento del Nuevo Mundo en tierras americanas, también tuvieron mucho que ver con el nacimiento y consolidación de los que fueron populares mercados de La Bañeza. Enterados de las protestas expresadas por mercaderes y caminantes, a cuenta de los abusivos impuestos que se les cobraban en las llamadas tierras de jurisdicción, decidieron tomar cartas en el asunto. Con este propósito emitieron desde la recién conquistada ciudad de Granada, el 22 de mayo de 1501, un Real Arancel que limitaba los impuestos a pagar por estos agentes económicos de la antigüedad. Así se relacionó una especie de tarifa de precios para los vendedores, cuyo cobro se realizaba en la casa del Peso Real y Carnicerías, ubicada en la calle del Reloj. Don Conrado Blanco, un referente obligado a la hora de recuperar la historia bañezana, ha localizada algunos curiosos impuestos fijados en el siglo XVI por los comisionados enviados al efecto por los Reyes Católicos. Por citar los más llamativos, tenemos que cualquier tienda que «fijare clavo», debería pagar un maravedí. Esta expresión alude al clavo, argolla o herradura que se colocaba en las paredes de tiendas y mesones para que el cliente atase su medio de transporte y locomoción, que en aquella remota época sólo podía ser el asno, la mula o el caballo. Vamos con más ejemplos. Por la compra de un carro, un maravedí. De cada oveja que se vendía, media blanca, que hacían cuatro medias blancas, un maravedí. De cada carretada de vino, un maravedí. De carga de sardinas que se abriera para vender, nueve sardinas. De carga de quesos en que fueren treinta unidades, un queso. Y finalmente, por cada carga de besugos o pescado fresco de mar, un besugo o pescado que no fuera el mayor, pero tampoco el menor. Gracias a esta minuciosa y simpática regulación el mercado de La Bañeza iría aumentado su pujanza con el correr de los tiempos, hasta convertirse en una de las citas económicas más importantes del noroeste de España durante época medieval. El propio Madoz, en su exhaustivo diccionario geográfico-histórico, afirma que hacia la mitad del siglo XIX nuestro mercado era el más concurrido de toda Castilla. Los soberanos, en Alija Acabaremos la semblanza sobre los Reyes Católicos, grandes benefactores de la antigua villa, con una inteligente hipótesis que también lleva la firma de don Conrado y alude a la supuesta estancia de doña Isabel y don Fernando en Alija del Infantado. Los datos constatados por la historia son los siguientes: los Reyes Católicos regresaron de Galicia en el mes de octubre de 1486, después de sofocar una de tantas conjuras nobiliarias que caracterizaron aquella violenta época. Se sabe que del 21 al 23 de octubre estuvieron en Palacios de la Valduerna, el día 25 llegaron a Benavente y el 29 a Montamarta, acompañados por un espléndido séquito de contadores, escribanos, justicias, oidores, prelados, oficiales y alcaldes de Corte y Chancillería. Pero entonces, ¿dónde pernoctaron el día 24? Tras estudiar todas las posibilidades, nuestro cronista oficial llega a la conclusión de que la única villa dispuesta en el camino y que tenía capacidad para albergar a tantos y tan principales personajes era precisamente Alija del Infantado. La teoría del apreciado don Conrado se ve indirectamente confirmada por los testimonios de otros relevantes viajeros del pasado, como Felipe II o el abad de Claraval, quienes en su discurrir por la provincia leonesa, siguiendo un itinerario similar al de los Reyes Católicos, hicieron parada y fonda en Alija del Infantado. En fin, como asegura el viejo refrán, aunque no fuera cierto, sí que merecería serlo.

Cargando contenidos...