Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano. Aunque no sea boda la celebración, los astorganos ya podemos peregrinar al monasterio de las clarisas; blancos o marrones habrá que hacer la presentación de los tradicionales huevos e implorar que el cielo no «plore» y que nos deje pasar las fiestas en paz y sin remojo. Que el tiempo se ha vuelto tarumba y nos pega unos latigazos de Dios te ampare. Aunque si echamos la vista atrás no sería la primera, y ello no es obstáculo para que Astorga esté a rebosar, que las fiestas se conocen por los vísperas y esta semana la ciudad ha estado vibrando como ya si estuviéramos en plenas celebraciones, las cuales se iniciarán hoy oficialmente con el pregón de Fernando Alonso, nuestro flamante académico. Y como si de fiesta se tratara hemos abierto boca con dos acontecimientos dignos de reseñar. Te cuento. «Poéticas interurbanas» es una propuesta artística que ha reunido a 14 creadores de la ciudad para llenar el espacio astorgano de arte; su desarrollo en calles y recintos cerrados donde han plantado su saber, y su entender, para deleite de los amantes de lo bello; es un reclamo a los viandantes que llenan sus ojos de diferentes y variadas expresiones. Ese puñado de creadores manifiesta, a través de sus montajes, el momento dulce que, en el ámbito artístico, vive Astorga. Castorina, Sendo, Escarpizo, Toño, Luismi, Nuria, Mandi, Javier, Omaña, Cesar, Rodelona, el dúo Palmero-Jajús y la ya astorgana Renata Ruffilli ofrecen la más amplia variedad que imaginarte puedas en sus propuestas. Estoy seguro que en esta semana que entramos serán esos montajes la atracción más cotizada, y referencia obligada de cómo aunar fiestas, diversión y cultura; ni te explico lo que es, porque no tendría cuartilla suficiente y porque así te aproximas a departir y compartir fraternalmente una tarde. El otro acontecimiento, hermano, ha sido un producto que lleva marca «La Caleya», esa asociación astorgana que se ha erigido como custodio del baúl de los recuerdos de nuestras raíces. Pero saben que el buen paño ya no se vende en el arca y el olor a naftalina; que debe airearse y mostrarlo a las nuevas generaciones para que puedan apreciarlo; a las otras menos nuevas, en las que andamos muchos, para que no echemos en el saco del olvido lo ya sabido; que no por sabido es menos digno de tenerse en cuenta. Sus componentes se han empeñado -y a fe que lo están consiguiendo- resucitar, reanimar y potenciar el folclore de nuestras tierras. En pocos años han conseguido lo que parecía un imposible: hacer de Astorga un referente. En esta última edición han logrado reunir una gavilla de tamboriteros, gaiteros, rabelistas e intérpretes de nuestra tradición musical, lo cual se merece el mejor de los elogios. El Ayuntamiento, por una parte, y en menor medida otras instituciones han ido arropando este encuentro que se espera alcance mayor auge. Este año hay que destacar la acogida que ha tenido por el público; tal vez su desarrollo en la plaza Mayor haya sido decisivo; así en la jornada del martes, la lluvia no arredró a los intérpretes y el público respondió cobijándose en los soportales, aguantando los embates del agua y del frío. Organizadores, intérpretes y público se merecen el aplauso general. Ya veo tu extrañeza, hermano, porque no pongo algún pero, rara cosa en mi, verdad. Ahí va. Si hubo no vi; eché de menos la dulzaina y el redoblante, propios del Órbigo, Tuerto y Páramo. Anda por ahí la memoria de «Los Cirolines», «Los Jatas» o «Los Boinas»; que no solo de chifla y tambor se alimenta nuestra música. Tiempo habrá para ello.

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