Diario de León

La paz vuelve a Castrillo

Las atronadoras armas cierran sus bocas de fuego en una recreación de la Guerra de la Independencia, en la que el resultado de la batalla está escrito en los libros de historia

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Alberto Domingo - castrillo de los polvazares
León

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Hacía mucho tiempo que las calles de Castrillo de los Polvazares no eran escenarios de hechos como los vividos este fin de semana. Disparos, muertos y heridos, civiles y militares, hombres y mujeres combatiendo con armas o con aperos... Sólo que ayer la guerra era una simulación, con principio y final establecido de antemano. El principio, el sábado, con la toma del pueblo por las tropas de la Francia napoleónica y el final, ayer con la derrota de los invasores y una comida para celebrarlo. Sonaba un poco a Miguel Gila teléfono en mano: «¿Es el enemigo?... Que si vais a atacar hoy». Tanto el ya desaparecido humorista como los soldados de ayer ofrecen al público un espectáculo. Pese al final previsible, que marca la historia y no los actores reunidos en Castrillo, la batalla resultó vistosa y seguirla un entretenimiento agradable, pese al sufrimiento que causaban en los oídos las explosiones de artillería, fusilería y pistolones. Cien soldados y un cañón eran los efectivos que hubo que distribuir para compensar ambos bandos. De esta manera, los Tiradores del Bierzo se pasaron al bando bonapartista, que, llegado desde Francia, era menos numeroso. Los de Cacabelos defendieron la bandera tricolor con valentía. Anacronismos Pese al estudio del terreno por parte de los ejércitos contendientes y la definición de estrategias, no se pudieron evitar algunos anacronismos, como el que se colaran entre las tropas los fotógrafos, algo que fue difícil de controlar especialmente al principio de la batalla, o el que hubiera vehículos aparcados en alguna calle por la que pasaron los combatientes. Sin embargo, los soldados tuvieron la gentileza de no utilizar los turismos como lugar para ponerse a salvo de las balas. Sorprende el modo de guerrear y el funcionamiento de los fusiles. Los soldados forman líneas y disparan sobre el enemigo. El fogonazo es impresionante y los actores apartan la cara para evitar la chispa y tragar la menor cantidad de pólvora quemada posible. Las brutales explosiones de los disparos hacen pensar en un fuerte retroceso del arma. También hay que destacar que en ocasiones fallaban las armas y no se producía el esperado disparo y que había fusiles que tronaban con más fuerza que otros. Los de Castrillo, de maragato, también quisieron combatir con aperos de labranza y carabinas.

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