La repulsa de la guerra y la cortesía de los franceses

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Con la tradicional bandera blanca salió el alto mando francés de su cuartel general para rendirse y entregar la plaza al general del regimiento de infantería de línea de voluntarios de Madrid. Uno de los oficiales franceses portaba una fotografía del Rey Juan Carlos vestido de uniforme bajo la cual se podía leer «La guerra es un horrible» -ya lo pintó Francisco de Goya-, en un gesto que buscaba la condena de los conflictos armados y la reconciliación, aunque quizá no fue muy afortunado. En todo caso, la foto de Su Majestad hubiera quedado entre los supuestos oficiales si no hubiera mediado una indiscreta cámara de fotos. Los franceses condecoraron al general español y obsequiaron con una florecilla a una dama vestida de época. Para corresponder al gesto, flautines y tambores de los voluntarios madrileños interpretaron los himnos francés y español. Lo más complicado del acto final, mantener en formación a los maragatos alzados.