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BERNARDINO GAGO PÉREZ
León

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A FINALES de los ochenta, el Ayuntamiento de San Millán de los Caballeros, tomó la decisión, tras varias propuestas del vecindario, de dar nombre al colegio de primaria. Así en una sesión municipal y por unanimidad fue aprobado el título de colegio rural David Gago. La persona cuyo nombre figura como titular del colegio es hoy probablemente ignorado por mucha gente de esta pequeña población de la vega de Toral por motivos ajenos a la autoridad municipal. Pero, ¿quién fue en realidad David Gago? Un hombre sencillo, amigo del pueblo. Fue este humilde maestro rural que tan extensa prole de alumnos dejó durante sus muchos años de servicio tanto en San Millán como en otros pueblos de esta comarca sureña de León. Nacido en el pueblo de Vega de Ruiponce, Valladolid a finales del XIX, pronto se incorporó a la escuela como maestro de primeras letras en la cercana localidad de Santervás de Campos y más tarde a las de Medina del Campo, Villalón, Santibáñez y Valdunquillo. Casado con Anatolia Pérez Manovel, hija del maestro Bernardino Pérez, hoy titular del grupo escolar comarcal en Valencia de Don Juan, reingresó, tras ocho años de excedencia, en 1924 en Fuentes de Carbajal y recaló posteriormente en 1933 en San Millán, hasta 1940, año en que fue cesado por traslado forzoso, a causa de depuración de funcionarios, al pueblo de la montaña leonesa Anllares del Sil hasta su vuelta, por levantamiento de sanción, en 1946 a la tierra de Campos. Este hombre supo dulcificar en todos los pueblos la paz entre sus gentes a la vez que sembrar entre los pequeños el conocimiento. Hoy, por el paso de los años, pocos de sus alumnos quedan, pero sí algunos, para recordar la personalidad y el prestigio de su magisterio, la bondad de su maestro. Pero hoy, como ayer y como siempre, debe perdurar la memoria de los mayores en otras generaciones que no tienen por qué desviar de sus sentimientos a aquellos hombres que compartieron la dicha, el solaz y el bienestar social con sus ascendientes. Que un pueblo no se hace solo en una generación, que necesita de muchas para hacerse grande es obvio; pero necesario es estar agradecido a lo que estos hombres dejaron en el jalón no escrito de su historia pero sí en el espíritu de los que han pasado por ella.

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