Diario de León
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Las máquinas que se pueden ver hasta el próximo fin de semana en Espacio León y, de manera habitual, en el Museo del Chocolate distan mucho de parecerse a las actuales, que incorporan procesos automáticos. Así, siguiendo la visita, el tostador de cacao es un bombo, que puede recordar en algo al de asar castañas, con capacidad para 25 kilos, al que había que dar vueltas con la mano. Del mismo modo se atendía la que se destina a pelar el cacao, librándolo de la cáscara y más evidente es el trabajo del hombre en la piedra de granito en la que se molía la materia prima. Los brazos del artesano son la única forma de conseguir que el rodillo realice su trabajo y el invento aquí reside en el uso del granito para conservar el calor. El mortero para el azúcar no necesita comentario en este sentido. También era necesaria la presencia de una persona que hiciera funcionar la refinadora, con la que la masa adquiría la textura ideal y en la que también está presente el granito. La ausencia de moldes de plástico o acero inoxidable obligaban al uso de marcadores para señalar las 16 onzas de cada libra de chocolate con las iniciales D.G., del fundador de la empresa, y con otras destinadas al chocolate que elaboraba para el Ejército. Por último se observa en la visita el empaquetado, también manual, y se ven las cajas de embalaje.

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