CARTA TE ESCRIBO
A Clavijo
QUERIDO hermano: Cuando leas estas líneas, que te escribo en viernes, andaré trepando hacia el alto de Laturce para alcanzar la capilla que los clavijeños tienen dedicada al patrón Santiago y a la Virgen de Tentudía. Estaré en Clavijo, ese bello pueblo de La Rioja que, enriscado a la sombra de su viejo castillo, fue testigo un día del siglo nono, cómo el ejército de Ramiro I hacía correr a las huestes agarenas de Abderramán, el segundo de este nombre; era un 23 de mayo. Claro que el día anterior los leoneses tuvieron que trepar peñas arriba, a toda prisa, porque los muslimes, en Albelda, les dieron para el pelo. En ambos casos, hermano, en la derrota y en la posterior victoria, andaba de portaestandarte, alférez real quiere decir, un tal Luis Osórez, antecesor de los marqueses de Astorga. El día 22, el tal Osórez salvó el pendón, también llamado seña, con sus lobos pasantes, porque al parecer disponía de un penco aquellos asturcones, más dado a trepar riscos que los finolis caballos árabes. Sí, hermano, salvó la seña, y al día siguiente, después del sueño de Ramiro, la tremoló victoriosa dando matarile a miles de moros, algo exagerado el número por los cronistas; que en eso de exagerar, tanto moros como cristianos, ninguno se quedaba rezagado. Así que, Ayuntamiento de Astorga y Cámara de Comercio, un año más, han sido invitados por los de Clavijo a participar en la conmemoración. Y un año más las dos instituciones astorganas han tenido la delicadeza, que agradezco, de invitarme a ser testigo del caluroso y cariñoso recibimiento que se tributa a nuestra ciudad, personificado en su gentil alcaldesa, Encarna, secundada por todo el vecindario. Astorga, como en otras ocasiones, portará -estará haciéndolo mientras ingieres el café- hasta la ermita, la ya histórica arqueta «forrada interiormente de terciopelo carmesí»; en ella, bajo tres llaves, se guardan con la protección de cristales los restos gloriosos de aquel estandarte, seña o pendón, que el Osórez portó en la famosa, aunque legendaria, batalla. Recibirá los honores reglamentarios que corresponden a un capitán general, y le rendirá homenaje la réplica que en su día Astorga regalara al Concejo de Clavijo, y que ellos veneran y guardan como oro en paño. Y es que volver a Clavijo, hermano, es empaparse de historia o de leyenda, qué más da; es rememorar hechos y gestas en los que Astorga tuvo un protagonismo destacado y una participación directa; hechos y gestas que, cada año, durante siglos se recordaban con la procesión de la Zuiza, ahora rescatada trienalmente por la Cámara de Comercio. Por eso, este año han llevado a los zuizones que, anacrónicamente, corren la pólvora con la descarga de sus espingardas y mosquetes. Volver a Clavijo es andar tras los pasos de aquellas cien doncellas que, cada primavera, los leoneses tenían que entregar al harén del emir; tributo liberado aquel lejano 23 de mayo. Atabales y atambores , tomados a la morisma, resuenan todavía por Astorga y León, por Carrión de los Condes y algunos pueblos de La Rioja, celebrando la extinción de tamaño sonrojo. A cambio el apóstol Santiago se alzaba con el patronazgo de España y los canónigos de Compostela con la limosna que suponía el Voto de Santiago , engrosando así los caudales de aquellos clérigos. Otros dicen que fue otro Ramiro, el de la batalla de Simancas el que lo impuso; no importa quién.Historia o leyenda, es una buena oportunidad para repetir el hermanamiento de dos pueblos llenos de historia, de tradiciones, de leyendas; dos pueblos repletos de empatía mutua. Son Clavijo y Astorga. Testigo soy.