Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Pues ahí lo tienes; a los de pueblo nos toca callar, ver la jugada de la partida y repartir caramelos que lo del tabaco está mal visto y en poco tiempo al lazareto; que es a donde quiere enviarnos don Secundino, animado por sus cuates . Según las normas, que ellos imponen desde la capitalidad, todos los pobrines provincianos hemos de decir amén y cantarles aquello de qué buenos son que nos ponen un CTR. Dile, hermano, al señor Prieto que en nuestra escuela, la de Estébanez, no había tiempo para esos experimentos ficticios; que no era colegio de pago, que don Matías -no conocí mejor maestro- bastante tenía con desasnar hasta a 80 rapaces de 6 a 14 años. Que las Ciencias Naturales nos las enseñaba sobre el terreno, que todo el material que había era una pata disecada de un pollo, la cabeza de una cigüeña, un prisma que dejaba a los más pequeños con la boca abierta, y el recorrido por los ferrinales para conocer las diferentes hierbas y sus propiedades. Y nos enseñó, como buen cazador que era y sin haber tanto ecologista de asfalto como ahora, el profundo respeto a la naturaleza de la que vivía todo el pueblo; y nos hablaba de los problemas de contaminación cuando seguramente el señor Prieto no había nacido. Por eso, hermano, dile al señor Prieto que sí; que eso del trile y embobamiento con los cubiletes lo practicaron muy bien en León cuando decidieron que la porquería, que producían y los ahogaba, cuanto más lejos de la capital mejor que mejor; movieron esos cubiletes y como expertos en la materia dejaron la ficha del Valle de Portugal en el que les interesó. Y el engaño funcionó; el CTR lejos del mayor centro de producción de basura, lejos del alfoz leonés; que los del Órbigo-Tuerto serán domeñados, por las buenas o por las malas, como les ocurre a los de Gomecello ahora. Las leyes las hacen en las grandes ciudades y punto y aparte. Cuando el señor Prieto, en su concienzudo análisis del tratamiento de residuos, nos alecciona con el experimento de su ilustre profesor de Ciencias Naturales se olvida, citando a Quique y a este pobre pueblerino juntaletras como trileros, se olvida digo, de citar al profesor Purroy, a quien recurro en mi última carta, como uno de los máximos expertos en esas cosas. ¿Por qué el señor Prieto ni siquiera lo mienta? Y eso que el profesor, en una de sus columnas, sí atacaba el establecimiento del CTR como en lugar no idóneo y presagiaba malos augurios para nuestro pueblo. Porque, que yo sepa, el doctor Purroy, de solvencia bien reconocida en el ámbito científico, no sólo leonés sino nacional, no se dedica a embaucar a sus alumnos con experimentos científicos paranormales. No sería malo, sino bueno, oportuno y saludable que don Secundino y otros arregladores de la provincia, desde sus despachos de la capital, acudieran de vez en cuando a las lecciones del mentado profesor. Las últimas parrafadas del señor Prieto, querido, me han llegado al alma, me han descolocado, y te juro que de ahora en adelante voy a ser más comedido. Todas esas necesidades, que hace desfilar en su última columna, son una gran lección de civismo, de enseñanza, de concienciación ciudadana, de buena gestión; y sobre todo de solventar unas ineludibles necesidades. Las que tenía León, especialmente. Así que, cuando le veas, querido hermano, hazle llegar mi felicitación, para él y cuantos movieron los cubiletes en tiempo y hora. Sobre todo por darnos el alegrón de ser referente para todas las provincias limítrofes; y por las muchas bondades que podrán subvenir de esa planta modelo. Así acabó él. Vale.

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