Grajal de Campos | Las diecinueve hermanas han recibido una oferta para instalarse en Santibáñez del Porma
Las termitas obligan a las monjas Carmelitas a abandonar el convento Vida espiritual y trabajo en el campo
Restaurar el edificio supondría una inversión, según su propio cálculo, de tres millones de euros

ACACIO
Las 19 monjas que forman parte de la comunidad de las Carmelitas tendrán que abandonar la que ha sido su residencia porque las termitas están acabando con las cubiertas y los pisos, construidos en madera. Hace pocos meses, las monjas contrataron a un equipo de técnicos para que valoraran cuánto costaría rehabilitar el convento en el que viven. La respuesta ascendió a más de tres millones de euros y, con ese presupuesto, tampoco se aseguraba que el edificio se saneara. El alcalde de Grajal, Francisco Espinosa, clama a las administraciones ayuda para conseguir que la orden permanezca en la localidad. Además, les ha ofrecido un terreno para que si consiguen ayudas puedan construir en él una nueva residencia. Un cambio de residencia Mientras tanto, las hermanas Carmelitas ya han recibido una oferta de un vecino de Santibáñez del Porma que les dona un antiguo convento para que se trasladen a él. Las Carmelitas han decido que se aceptan la oferta le entregarían la propiedad de su actual residencia en Grajal. Las monjas proponen este intercambio de terrenos para que el donante con ayuda de las administraciones, consigan recuperar el convento de Tierra de Campos. El objetivo es que el edificio se dedique a algún tipo de utilidad pública y, así, evitar que llegue a desaparecer y quede totalmente abandonado. Todos los vecinos de la localidad están afectados por el anuncio El convento de las hermanas Carmelitas de Grajal de Campos cuenta con un jardín en el que las monjas trabajan. De las 19 religiosas que viven actualmente en la residencia dos están enfermas y el resto son las que atienden todas las tareas de la vida monacal. Cuidan una huerta de tres hectáreas y los animales, que es lo que les reporta beneficios, e intentan mantener en buen estado el convento, además de las horas dedicadas a la vida espiritual, como ordena su congregación.