Un rato a pie, y otro andando
Un peregrino francés y otro belga denuncian la falta de hostelería especializada para poder realizar el Camino de Santiago a caballo
La villa y la comarca amanecieron ayer inmersas en una mañana de niebla, de esas en las que no se alcanza a contemplar el horizonte, pero en las que a pesar de todo, y como la fe mueve montañas, lo último que importa es el frío intenso que en la actualidad se soporta. Dos peregrinos, uno francés y otro belga, cruzaron ayer interpérritos la villa, acompañados de sus caballerías y su perro, en silencio. Apenas se contemplaban en la mañana sus rostros, ya que un pequeño espacio a través de sus bufandas, les permitía vislumbrar a duras penas el lugar por donde se supone que habían de pisar. De regreso Confesaron estar de regreso de Santiago de Compostela, en dirección a sus hogares, algo que estaban intentando completar, después de cuatro meses de camino sin descanso. Haubo tiempo también para las charlñas reivindicativas, y entre las demandas que se plantean figura la falta de albergues para quienes realizan el Camino de Santiago con caballerías: «Este es un servicio del que carecemos una vez que dejamos Francia, donde allí se contempla acogida y protegida esta práctica. Es de lamentar que en España no sea así» dicen ambos, en un momento de charla en plena mañana de Año Nuevo. Dicen sentirse satisfechos de haber realizado el trayecto, y ahora poder hacer realidad las vivencias y experiencias que sólo aquel que realiza el trayecto puede llegar a comprender y conocer a fondo. Después de reponer fuerzas y desear unas felices fiestas y un año de progreso para todos, tocó la hora de continuar el Camino. Y la vida, que siguen siempre adelante inexorables, sin saber qué es lo que espera al día siguiente o a la salida de la próxima curva. Nunca se sabe.