Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Ya te dije en la última. «Habrá que esperar al tratamiento que le dan a Astorga esta noche». Lo cierto es que visto el capítulo desde Valencia, u otra parte de este país al que algunos seguiremos llamando España, estuvo bien. Fotografía más que correcta, magnífica; vistas espectaculares de la ciudad; comentarios ajustados. Bien. Visto el programa que mal dicen Ruta Vía de la Plata , como específico de la auténtica vía, un bodrio. Hay que decirlo y dicho está; un bodrio. Para ponerle más calificativos, tendríamos que recurrir a nuestro amigo portugués, el periodista Antunes, para que lo hiciera en su melodioso idioma y atemperar la cosa; sabes la querencia que le tiene a esta vía. O a Nolete, deslenguado y sin complejos, aunque habría que censurarle algún que otro vocablo. Pueden opinar algún día y verás. Sí, querido; para mí fue un bodrio, como para nuestro alcalde, si bien reconoce la buena técnica y calma sus ánimos en la crítica. Como yo no soy político, voy a ver si en lo que resta de cuartilla me cabe todo lo que eché en falta. Eso sí, sigo admirando las curvas de la fotógrafa Plata, sin ver la necesidad de sus contoneos por estos parajes. No entiendo ese frenesí de saltimbanquis y sus desplazamientos como para desviar caminos hasta Villanueva de Carrizo, picachear por las Médulas, o asegurar, de antemano, que Jiménez de Jamuz -pueblo que admiro, y a sus gentes como el tocayo Martín Cordero, Taruso o los Chavetas- está en la Vía de la Plata. Mentira. Al desgaire, entre dientes, como para cubrir el expediente, saltando el puente Valimbre, reconocieron la verdadera identidad de la vía entre Astorga y Mérida; como si les costara trabajo reconocer lo evidente. Ya viste, hermano; ni mentar los cuatro museos -catedralicio, de los Caminos, del Chocolate o el Romano- que Astorga tiene abiertos a los turistas; ni mentar la rica colección epigráfica, que está relacionada con la propia vía y el ancestro de la ciudad. La ruta Romana, de singularidad contrastada, ni citarla, cuando hasta en Valladolid - que ya es decir - parece, y digo parece, van a soltar los monises para ponerla en valor; musealizar le llaman. A los guionistas del bodrio, se les vio un tanto despistadillos, como pulpos vamos, errando fechas escandalosamente, con referencia a la construcción de nuestras murallas o al año de inicio de las obras de la catedral. Cualquiera de las guías, de las muchas que hay sobre la ciudad, les hubiera sacado de dudas. Y no te digo nada de la bobadina que soltaron en torno a Gaudí y el presunto derrumbe del pórtico de entrada al edificio del palacio episcopal; que se le escachaba la semiesfera de huevo y qué se yo, y su rápida venida para hacerla con sus propias manos. Bien podía habérselo ahorrado; no he mirado los créditos pero me da la mosca que anda detrás del guión algún catalán. Como lo de la gastronomía; estar en Astorga, con el añadido de una incursión por Maragatería -que, también hay que decirlo, al igual que el Jamuz nada tiene que ver con la Vía de la Plata- y no citar el cocido es, simplemente, pecado mortal. Un pecado sin perdón, ni absolución, porque se ve que no hay arrepentimiento. ¿Y qué fue del congrio al ajo arriero, consustancial a nuestra cocina? La cecina sí salió. En fin, hermano; no me cabe todo. Me siento afrentado; y me temo que esta noche zascandileen por Valencia de don Juan o Valderas. Al tiempo. Afrenta es para todos los astorganos el sospechoso silencio de TVE, del ministerio de Industria, o la actitud del desaparecido Raimon. A ver si Luis Álvarez lo encontró en Fitur. Ya veo tu mohín de cansancio. Por una temporada cierro el pico. Y repito, es que los leoneses sois la leche.

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