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De las ondas de Levante al más acogedor albergue de Poniente

Un locutor de radio de Alicante se convierte en hospitalero de forma ocasional y altruista, después de perder su trabajo, y decide dedicar el resto de su vida a las cuestiones del camino jacobeo por excele

Publicado por
Acacio Díaz - corresponsal | sahagún
León

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Cambió los micrófonos de las mañanas por los atardeceres pálidos del Camino de Santiago. Pasó del ritmo frenético de la radio en su Alicante natal a la calma chicha de los campos de Sahagún. Ricardo Seva ejerce estos días labores de hospitalero improvisado y altruista, de forma totalmente voluntaria y sin pedir nada a cambio. La nueva campaña de peregrinación que se avecina, ofrece diferentes y múltiples sorpresas en el camino. La suya es una más. Su particular caminar se une al de María, una alemana llegada desde Kaiserlautern, y Julio, un español al que se encontraron en la localidad de Carrión de los Condes. Desde allí hasta Sahagún, caminaron juntos, y compartieron parte de sus vivencias. Una tormenta les ha empapado de agua el exterior. Las vivencias también llenan de contenidos el interior, pero ya es otra historia. En cualquier caso, hay situaciones que dependen de las circunstancias. No todos los albergues son iguales y aportan las mismas experiencias. «Lo mismo que estoy haciendo yo en estos momentos, lo puede hacer cualquiera» señala Seva. «Hasta ahora, yo trabajaba en Sol FM de Alicante. Cuando me quedé sin trabajo, me repuse del golpe y empecé a buscar una alternativa a mi vida. Realicé unos cursos de turismo rural, que se convirtieron en una aventura que me permitió entrar en contacto con diferentes mundos y creo que en este momento, estoy dispuesto a hacer que mi vida entera sea ya para siempre el Camino de Santiago. No sé exactamente cuál de todos los albergues que hay en su recorrido va a ser el que me acoja, pero creo que no quiero dejar esta experiencia ya nunca más» declara el implicado. De buena mañana «Lo primero que hago cada mañana es sintonizar mi emisora de toda la vida, y después preparar un café calentito, para que todos aquellos que empiezan la jornada, lo hagan con el mejor ánimo. El resto del tiempo, lo utilizo para la cocina, la limpieza y los dormitorios. La verdad es que nunca hay tiempo de aburrirse. Sólo queremos que cuando lleguen a Santiago, se acuerden de que, durante el Camino, una vez, pasaron por aquí».

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