La sombra de Carmelo Gómez

El Certamen de Teatro Aficionado encumbra a Javier Bermejo como uno de los más firmes candidatos a la sucesión de su paisano en los primeros escalones de la interpretación, con un futuro prometedor

Javier Bermejo es un actor de futuro muy prometedor en Sahagún

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Acacio Díaz - corresponsal | sahagún
León

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Recién celebrado el certamen de teatro para aficionados, celebrado por primera vez en la villa bajo la organización del grupo Entre-Estos, la hora de sacar conclusiones pone en primera línea del escenario a Javier Bermejo, un joven actor local, que va camino de seguir los pasos del afamado Carmelo Gómez. Aficionado a la interpretación desde los doce años, finaliza sus estudios básicos y posteriormente ingresa en el Centro de Arte Dramático de León, en la Escuela Municipal de Música y Danza. «Actuar delante de los tuyos es una cosa, y estar en el Teatro Jovellanos de Gijón, por ejemplo, es otra totalmente diferente. Aquí, estás entre los tuyos, con tu gente y los amigos que te conocen, y tienes más responsabilidad. Allí, eres uno más entre los actores que hay». Aún así, Asturias le ha proporcionado recuerdos imborrables: «Nunca olvidaré la sensación de subir y bajar del telón y los sonidos de aquel día» explica Bermejo. «Hubo gente que vino desde Sahagún para vernos actuar, y eso no se paga con nada. Son muestras que no se pueden borrar de mi mente nunca más y que convirtieron aquel día las butacas en respaldos de confianza». Camino de Madrid El presente está claro: «En estos momentos mi único objetivo es irme a Madrid. Considero que es el lugar al que debo acudir en busca de oportunidades, para seguir aprendiendo y perfeccionando dentro del mundo del teatro, donde hay que vivir o malvivir. De todas formas, es como si de una carrera de fondo se tratase, hay que ir poco a poco. Me aplicaría lo que un buen día dijo Stanislavsky: 'Hamlet hoy, figurante mañana, pero al servicio del arte siempre' Con eso me bastaría». Tópicos del teatro No pasa el teatro por el mejor momento: «Ni por el peor, simplemente, es una constante de la historia. Hubo tiempos en que se consideraba que era profesión de gentes del mal vivir y de malas costumbres, pero es un arte que educa, emociona, y transmite emociones que no tienen igual». Un reproche: «Hasta hace poco, el teatro era tema obligado en las fiestas de los pueblos. No se puede perder esa costumbre».

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