Publicado por
PEDRO V. ÁLVAREZ COLLAR
León

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LLEGA EL VERANO a estos valles perdidos y con los calores, parece que Laciana se despereza de su largo invierno, se sacude la modorra y, tal como brotan las gritsándanas en mayo, arriba en nuestras brañas, comienzan Laciana a brotar cursos, actividades, talleres, y mil y una ofertas culturales, que, sin chovinismo alguno, no se dan en ninguna otra comarca de nuestra provincia leonesa. Laciana huele en verano a cultura igual que nuestros prados huelen, allá por san Juan, a hierba recién segada. Mires hacía donde mires, hay alguna actividad cultural dirigida hacía los que nos visitan, pero que a la vez puede ser aprovechada por nosotros, los autóctonos tan solo con intentarlo. La Universidad Carlos III, la Universidad de León y el Ayuntamiento de Villablino, en colaboración con la Fundación Sierra-Pambley, iniciaron en pasados días su octava edición. Dentro de los cursos impartidos, una docena en total, se encuentran los más variopintos temas, desde algo tan en boga en los tiempos que vivimos como es el futuro energético y sus tecnologías, hasta algo tan entrañable para nosotros como es nuestra lengua y cultura vernáculas; la revisión de la Guerra Civil setenta años después, o el manido cambio climático... Al lado de estos ya tradicionales cursos de verano, se ofertan otro tipo de actividades culturales, tales como el teatro de calle, llevado a cabo por tercer año por Unitínere. Es un encuentro de grupos de teatro universitarios, que cada año ponen en escena las más diversas obras teatrales, pueblo a pueblo. En esta ocasión lo hacen en casi la totalidad de pueblos del Valle. Ignoro el motivo por el cual en Sosas y en Lumajo no hay representaciones, supongo, no obstante que razones habrá para ello... Digno de reseñar es igualmente el certamen nacional de teatro para aficionados El Valle-2006, que, aunque se celebrará entre los meses octubre y noviembre, recientemente ha finalizado sus inscripciones. Otra de las ofertas multiculturales que tienen lugar durante el verano, son los Campos de Trabajo, tanto internacional como nacional, que desde unos cuantos años atrás, vienen realizando labores de restauración y recuperación del patrimonio etnográfico lacianiego, que aún se conserva. No olvidemos que en alguno de los pueblos lacianiegos este patrimonio se fue destruyendo años tras año, ante la desidia de los responsables de su conservación. Así, pueblos como Sosas retiraron sus arcaicos potros de herrar, sustituyéndolos (ahora que no se usan) por otros más modernos metálicos... Al lado de todo este tipo de ofertas dirigidas hacía la población juvenil, se encuentran otro tipo de ofertas dirigidas a niños, tales como campamentos, marchas, talleres, deportes... Para que no se diga que tan solo se piensa en las personas de más edad. La oferta cultural veraniega lacianiega es pues, de lo más variada y atractiva, al menos de cara a traer hacía nuestro entorno gentes de otras latitudes, que a la vez que, posiblemente, hagan una publicidad impagable de nuestros valles, influyan igualmente en salvar lo que aún conservamos, de la imparable destrucción que sufrimos sin que nadie lo remedie. Uno se pregunta, si todas estas ofertas culturales que, verano tras verano, atraen a Laciana a casi un millar de personas, no servirá para que aquellos que rigen los destinos del Valle recapaciten y piensen que van a ofrecer al visitante dentro de una decena de años si continuamos al mismo ritmo de destrucción. De nada sirve que dentro de las aulas, en las excursiones programadas, o en los debates, se planteen cuestiones relativas a la destrucción de nuestros montes, se lleven a cabo propuestas, se estudien alternativas... Todo ello, se queda en nada cuando llega la hora de actuar a los políticos de turno, sean locales, provinciales, autonómicos o nacionales que, por otro lado son los que deberían de buscar las soluciones a los problemas. Razón tenía el que dijo que un político es el que a cada solución le busca un problema...

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