OPINIÓN
Carta abierta al señor obispo
CON EL RESPETO que su persona merece, quiero enviarle esta carta, y reflexionar en voz alta, para analizar y ver hacia dónde nos lleva su postura y qué salida nos ofrece la máxima autoridad eclesiástica de nuestra provincia, en el conflicto iniciado por su representante en la parroquia de Laguna de Negrillos. Cuando el Obispado inició los trámites en el registro de la propiedad de La Bañeza para inscribir a su nombre la Ermita de La Virgen del Arrabal, lo hizo a la chita callando sabiendo que algo estaba haciendo mal. Cuando los vecinos se enteraron del desaguisado se empiezan a organizar y le montan esta batalla para que las cosas vuelvan a su cauce. Es su representante señor Arcadio Domínguez quien suspende todos los actos religiosos en la Ermita como medida de presión al pueblo, con lo que encona más al vecindario o feligreses y usted desde León le apoya. Es usted, señor obispo, quien se enroca en su posición para no dar salida al conflicto. Continúa apoyando la desdichada medida y aunque traslada al cura párroco de Laguna para León, éste es quien sigue decidiendo y dictando lo que se hace y deshace en la parroquia. Él sigue siendo el titular de la parroquial y el que está boicoteando que en la Ermita se vuelvan a celebrar los actos religiosos que se celebraban habitualmente (misas, rosarios, bodas, bautizos) y siempre con su consentimiento como es lógico. La lucha no ha hecho nada más que comenzar y será larga, por el pueblo le aseguro que vencerá, pese a las 100 personas que le apoyan, aunque nosotros somos 1.600. Todos sabemos las razones y por qué ha querido la propiedad de la Ermita: Todos los años salían donativos por más de millón y medio de pesetas en metálico y en la Ermita hay muchas cosas de gran valor, al igual que había en la iglesia de San Juan, que ha quedado como un solar. Usted se empeña en decir que los feligreses no les entregamos las llaves y las cuentas de la Ermita. Quiero repetirle en mayúsculas lo que usted conoce muy bien: en los últimos 500 años, el Obispado, nunca, pero nunca ha tenido las llaves ni las cuentas de la Ermita. No quiera usted hacernos comulgar con ruedas de molino.