Benditos sean los aguijones

La Unidad Escorpión de la Guardia Civil de Villablino cuida a 31 víctimas de violencia de género y vigila a 45 agresores para que se cumplan las medidas judiciales vigentes

Una víctima de malos tratos se cubre la cara para evitar ser reconocida

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Cristina Vergara - corresponsal | villablino
León

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La Guardia Civil de Villablino tiene encomendada en la actualidad la protección de 31 víctimas de violencia de género, y vigila a unos 45 agresores con control específico, para evitar que se acerquen a sus víctimas o quebranten las medidas adoptadas judicialmente. Para ello, se ha creado la «Unidad Escorpión», un pequeño equipo especializado en la protección de las víctimas de violencia de género y violencia doméstica, seguimiento de conducta a éstas, y principalmente de sus agresores, para evitar el quebrantamiento de medidas judiciales. Los «escorpiones» desarrollan su tarea en silencio y en muchas ocasiones, sin que víctima o agresor se percaten de que son protegidos los primeros y observados y controlados los segundos. Su misión consiste en ver sin ser vistos y elaborar lo que ellos denominan informes de seguimiento de cada víctima y agresor, que luego servirán para adoptar las medidas correctoras que el marco legal vigente les habilita para conseguir su principal y único objetivo final: preservar en todo momento la vida e integridad física y psíquica de la víctima. Mensualmente, con las 31 víctimas, los agentes intentan mantener, cuanto menos, un contacto por medio telefónico y al menos uno presencial, con la finalidad «de asegurar que se sienta respaldada y cuente con el apoyo de las personas que tienen encomendado el difícil oficio de velar por el cumplimiento de la ley», asegura uno de los componentes del grupo. «Las víctimas no deben ser molestadas en demasía. Muchas de ellas se siguen aún se sienten avergonzadas por haber dado el paso de denunciar a su marido o compañero sentimental. Temen ser señaladas por sus vecinos o amigos, sin saber que muchas de las personas con las que conviven y que ellas creen que les están mirando de forma extraña, son víctimas en su intimidad de situaciones parecidas sin atreverse a denunciar», añade. «La triste estadística nos refiere y la experiencia nos enseña que la mujer que acude a una dependencia policial a denunciar una agresión física, es una persona que ya ha llegado a una situación límite, después de recibir continuas palizas por parte de su pareja», subraya el jefe de la unidad. Noche de ronda Son las 21.00 horas de un sábado cualquiera en Villablino, la gente se prepara para salir a hacer la plaza y distraerse un rato visitando los múltiples establecimientos de ocio nocturno que ofrece la capital lacianiega. a noche de luna llena y cielo estrellado augura el estadio de condiciones ideales para que los vecinos y visitantes irrumpan en los múltiples pubs de copas para dejarse imbuir de la magia del valle de la libertad. Sin embargo, en uno de los edificios de la localidad más apartados es donde la actividad es más frenética. En el número 25 de la Avenida Constantino Gancedo se ubican las dependencias de la Guardia Civil. En un despacho improvisado, a modo de sala de reuniones se produce un breve briefing entre el personal de la Unidad de Seguridad Ciudadana que van a formar parte del dispositivo especial de protección diseñado para ponerse en marcha a lo largo de la noche. Cuatro de ellos formarán parte del dispositivo encaminado a la protección de la seguridad en las zonas de ocio y otros cuatro forman la unidad «escorpión», un pequeño equipo integrado por tres hombres y una mujer. Una tarea ardua La tarea del equipo Escorpión es ardua: «Las víctimas han de sentirse seguras y uno no puede alegar cuestiones de horarios cuando éstas exigen una respuesta inmediata. Ellas no eligen las situaciones de riesgo. Se producen cuando uno menos se lo espera, en cualquier momento y en cualquier lugar», explica uno de los miembros del grupo. Los escorpiones utilizan un código para definir las situaciones de riesgo: el amarillo alerta la presencia del agresor en las proximidades del circulo de protección de su víctima; el rojo presume la existencia de un quebrantamiento de condena por parte del agresor, «que en la mayoría de casos acaba determinando el ingreso del autor en el módulo de preventivos en la cárcel de Mansilla de las Mulas», afirma el sargento jefe . Las franjas horarias de alto riesgo se producen los fines de semana, sobre todo en el tramo comprendido entre las 21.00 horas del sábado y 12.00 horas del domingo. «No es por la población en sí», matiza el sargento. «Hay que tener en cuenta que es mucha gente la que decide venir al valle para disfrutar de las zonas de ocio». Villablino y sus particularidades La particularidad de la realidad de Villablino radica en el hecho de tratarse de una población pequeña, en la que tanto víctimas como agresores siguen residiendo en la misma localidad después de suceder los episodios violentos. «Las medidas de alejamiento de 200 ó 250 metros, que normalmente fija el juzgado como medidas cautelares a expensas de la celebración de las vistas, hacen que sea materialmente muy difícil que en algún momento víctimas y agresores no lleguen a compartir un área que no se encuentre dentro de ese radio» subraya el jefe de la unidad. «No se puede obligar a una persona a cambiar de entidad bancaria, por ejemplo, pero si advertir al agresor de que en caso de coincidencia con la víctima, ha de abandonar lo antes posible la zona de riesgo», añade el responsable. De uniforme y de paisano, utilizando vehículos bicolor y de colores comerciales, los escorpiones se disponen a iniciar la ronda nocturna con la finalidad de preservar la tranquilidad de las personas que tienen bajo su protección, dentro de lo que ellos denominan en su argot «cápsula de seguridad». Las verdaderas víctima de violencia de género sufren un auténtico escenario de palizas y torturas antes de denunciar la primera. En el caso de Villablino es particular: «Aquí las víctimas están por ambos lados», matiza un miembro del equipo Escorpión. «Los prejubilados lideran el cupo de maltratadores potenciales, habida cuenta de que con 42 años una persona que ha estado un largo tiempo sometido a una disciplina de horarios en su actividad laboral se encuentra con carencia de incentivos y se introduce en el mundo de la bebida y la ludopatía para acabar desatando el ejercicio de la violencia sobre las personas que más quiere».

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