Diario de León

La santa protección

Cientos de animales acudieron ayer a la llamada de la cofradía de San Antón para tomar parte en la tradicional bendición que precede a la rifa del cerdo más mimado del entorno

Los fieles fueron pasando en fila con sus mascotas para que éstas recibieran la bendición

Los fieles fueron pasando en fila con sus mascotas para que éstas recibieran la bendición

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Maite Almanza - la bañeza
León

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La niebla y las bajas temperaturas no mermaron la asistencia a una de las citas tradicionales del invierno bañezano: la bendición de los animales domésticos. La cofradía de San Antón volvió a reunir cientos de mascotas en la plaza frente a la iglesia de El Salvador, para recibir la ansiada protección del patrón. Uno de los primeros en llegar fue el cerdo, soberbio ejemplar de unos doscientos cincuenta kilos de peso, según la cofradía, que el día anterior recorrió en su carrito las calles bañezanas para colaborar con la venta de papeletas. Después, fueron arremolinándose en la plaza gatos, perros, pájaros, peces y un sin fin de vecinos del reino animal, algunos de ellos cubiertos con pequeñas mantas o protegidos del frío en el interior de los abrigos de sus propietarios. La perrita Perla, una yorkshire, lucía espléndida con sus mechones recogidos con sendos lazos rojos y blancos y un pañuelo anudado al cuello. «Hoy está de fiesta», respondía su dueña cuando alguien le hacía notar lo guapa que estaba su mascota. La tortuga Girasol, mientras tanto, sacaba sus patas y su cabeza de su enorme caparazón para dar un paseo sobre el murete que circunda la iglesia, quizás esperando la llegada del mensaje del abad. Mientras, Pituso, un gato de color blanco inmaculado, parecía esperar paciente en brazos de un niño que aseguraba que no siempre era tan tranquilo como parecía ayer. Por el contrario, Jackie y Nuka, dos cachorros de mastín leonés, hermanos, jugueteaban a carreras en la explanada frente al templo, ajenos a la multitud que esperaba. Lo mismo hacían dos pequeñas ardillas, llamadas Pulga y Gato, que movían frenéticas sus colas a rayas mientras saltaban de un lado a otro de su jaula. Y con todos ellos, jilgueros, canarios, periquitos, hamsters o conejos, más o menos inquietos, fueron pasando junto a sus dueños bajo la benéfica presencia del párroco de El Salvador, Arturo Cabo, representante por un día del patrón, que hubo de repetir muchas veces la frase «Recibe la bendición de san Antón». Por cierto, el primero en ser investido con la protección del santo fue el cerdo, que, minutos después sería rifado. El número agraciado resultó ser el 20.065, que uno de los cofrades más antiguos, Antonio González, aseguró haber vendido a dos niñas a la puerta de la iglesia que, muy tímidamente, le pidieron rifas. Se da la circunstancia de que ésta es la tercera vez que González entrega una papeleta que después tendrá premio. La jornada continuó con la entrega de los galardones del concurso de cuentos a los niños Jorge García Suárez y Yudit López Rodríguez.

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