Pandorado (I)
PANDORADO, ES UNA localidad que, situada a medio camino, equidistante entre Villablino y León, tiene un origen místico y mítico, ya que según argumentan algunos creyentes, su fervor mariano y su gran fe, merecieron el favor de la Virgen María que hizo brotar en sus campos un cereal, centeno digo yo, del mismísimo color del oro, dándole así nombre al pueblo: Pandorado. Sea como fuere, lo cierto es que no existía oficialmente hasta 1920, en que se encuentra censado por vez primera, con 16 habitantes, y pienso que en la actualidad apenas supere este número. A pesar de ello, de estar situado al término de una sinuosa, serpenteante y siempre helada (en invierno) carretera, formando un otero que domina todos esos valles que un día, políticos mentecatos quisieron ahogar con un inmenso pantano y que el buen hacer de sus defensores impidió, no sin grandes labores. A pesar de todo ello, digo, Pandorado tiene un encanto especial, no se si debido a su ubicación, a sus posibles orígenes religiosos, a que está, como digo, en el punto medio entre Laciana y León, o a qué será, pero personalmente guardo por Pandorado un gran cariño. Pues resulta que ahora, a alguien se le ha ocurrido la brillante idea, de que este lugar encantador, debería de dejar de serlo para que así, especulando, puedan ganar unos cuantos millones las gentes del ladrillo. ¡Hombre, no va a ser menos el Ayuntamiento de Riello que las Navas del Marqués, la Seseña del muy nombrado Pocero, o un sinfín de lugares que, gozando de alcaldes que piensan poco o nada en sus gentes, pensando más en los beneficios económicos de empresas, que lo único que van a hacer es el agosto, a costa de echar a perder un lugar, que recientemente ha sido nombrado Reserva de la Biosfera. Aunque ya sabemos por nosotros mismos, los lacianiegos, para que sirve tal galardón que se pasan por la entrepierna propios y extraños, haciendo caso omiso del mismo. Muchas han sido las voces que se han levantado en contra de tal barbarie, pero no estará de más que contribuyamos a esclarecer unos hechos que, como digo, van en contra del sentido común. ¿Por qué no me digan, que no habrá lugares más apropiados para que estos personajes especulen, llenen de hormigón armado, de alambradas, de falsos jardines, sin tener que venir a un paraíso tan pequeño como este? Pues parece que la cosa va en serio, un par de empresas de construcción están preparando levantar 174 chalés, algunos de ellos adosados, los otros individuales, y para poder realizar todo esto se han modificado las Normas Urbanísticas Municipales en el Ayuntamiento de Riello, según consta en el Boletín Oficial de la Provincia del 5 de diciembre del pasado año. Habría infinidad de argumentos contrarios a que tal aberración se llevase a cabo, pero pienso que una de los principales será el pensar que Riello, el mayor Ayuntamiento provincial con 39 poblaciones a su cargo, poco más de 800 habitantes y una densidad de 2,68, que tiene a la mayoría de estas poblaciones en un abandono propio de otros tiempos, vería de repente aumentar esta población casi en un cien por cien, con todos las influencias negativas que esto supondría. Más interesante sería que desde el Ayuntamiento se preocupasen de tratar de cubrir a sus pocos habitantes sus necesidades y no de colaborar en la especulación favoreciendo el cambio de normativas para así allanar el camino de los que solamente van buscando ganancias rápidas. Que se apueste por ayudar al turismo rural, que ese sí será un futuro de provecho para una comarca tan deprimida económica y poblacionalmente.