CARTA TE ESCRIBO
Así, no
QUERIDO hermano: Soy un antiguo, bien lo sabes, y sin remedio. Las nuevas técnicas me superan y, lo cierto, es que tampoco pongo mucho interés por dominarlas; uno es así y sus circunstancias que diría Ortega. Tenía ya hilvanada la carta, manuscrita por descontado, para trasladarla al ordenador, cuando surgió esto. En capilla estaban los homenajes tributados al Jamonero y a García-Prieto, con sendas insignias de oro de Montañas del Teleno y de la Cámara de Comercio, respectivamente. Hube de reciclar la cosa; así que será en la próxima, porque me quedé patidifuso, como quien dice colgado, con lo que leí. Tenía previsto -y lo haré- comprar un libro titulado Muerte en Somiedo del que es autor José Luis Alonso Merchante. Pensando en el episodio del asesinato de tres astorganas en Somiedo, Octavia, Pilar y Olga, me interesa sobremanera. Cuando llegue a las librerías astorganas lo adquiriré aún a pesar de la decepción que me han proporcionado las primeras declaraciones del autor. Leídas las cuales, hermano, uno ha de pensar que así no se hace la Historia, con mayúscula; con inexactitudes como las pregonadas en esas declaraciones, en asuntos que podemos calificar de secundarios, se tergiversan los hechos y es nula, cuando no mala, la aportación que se efectúa. Espero que el relato de lo acaecido aquella madrugada del 28 de octubre de 1936 sea más conciso, más preciso, más riguroso que los añadidos de las declaraciones; que son absolutamente erróneos, llenos de inexactitudes y, por ende, sin ningún rigor. Claro que aquellos desgraciados acontecimientos fueron tan obscuros, por uno y otro bando, que será muy difícil llegar a saber la realidad. Sin embargo, hermano, cuando alguien que se titula historiador cae en tantos y tan claros errores da que pensar; que de historiador poco; de investigador poco; que es consciente -o quizás inconsciente- de su parcialidad a la hora de enfocar los hechos; o que no se preocupa de relatarlos correctamente; o no quiere. De otra forma no se pueden entender las incongruencias que vierte sobre las enfermeras astorganas. Y así, hermano, no se escribe un libro. Asegura que Octavia, Pilar y Olga eran «tres monjas enfermeras, pertenecientes a la Acción Católica. Se les atribuye, también, su pertenencia a la Cruz Roja, pero esto no he podido documentarlo». ¿De dónde sacaría el señor Alonso lo de monjas? Escasas debieron ser sus investigaciones, obligatorias como historiador, en torno a las enfermeras. Porque es notoria su pertenencia al Voluntariado de la Cruz Roja, su adscripción a la asociación de las Hijas de María y no de la Acción Católica y su participación activa en la vida astorgana como miembros de destacadas familias; ahí sí da en el clavo. Da en la herradura de lleno con Pilar. Sí era hija de un notable político como lo fue Manuel Gullón y García-Prieto, diputado por Astorga en varias legislaturas y gran benefactor de la ciudad; si bien, lamentablemente, el autor lo confunde con su tío Manuel García Prieto, que sí fue ministro y presidente del Gobierno varias veces. Concha Espina escribió Princesas del martirio a instancias de la Cruz Roja y ruegos de don José María Goy, que era presidente de esta entidad en Astorga. Acierta en lo del parentesco, si bien algo lejano, de don José María Goy, sacerdote y novelista, con la madre de Olga, que apellidaba Núñez Goy; él es autor de un romance editado en 1937, titulado Tres ramitas de roble . Como error es afirmar que «existe aún la Fundación de las Enfermeras Mártires que pide la glorificación de las tres jóvenes monjas», cuando sabemos y es notoria la fecha de nacimiento de dicha fundación. En fin, hermano; así no se escribe la historia -no se debe- si queremos ser imparciales, porque la memoria no puede, ni debe, ser tergiversada. A la primera oportunidad compraré el libro; el autor con toda seguridad no me lo enviará. Abrazos.