Los deportistas recorrieron entre 550 y 8.000 metros, según sus edades, en tres circuitos
La carrera popular de El Salvador reúne a cerca de 600 participantes
Los ganadores adultos recibieron premios en metálico de entre 20 y 300 euros

Varios padres toman fotografías de sus pequeños en la línea de meta
La vigésimo primera edición de la carrera popular de El Salvador logró reunir ayer en La Bañeza a casi seiscientos participantes inscritos, algunos procedentes de otras comunidades autónomas, como Galicia o Asturias, que midieron sus fuerzas en las pruebas propuestas por la organización. Éstas consistían en tres circuitos diferentes, de 550, 700 y 2.000 metros, que los deportistas hubieron de recorrer realizando entre una y cuatro vueltas, en función de su edad y sexo. Cabe recordar que esta prueba nació en 1986, coincidiendo con la conmemoración del milenario de El Salvador, y ya en aquella edición hubo 476 atletas inscritos. La participación ha ido creciendo año tras año, hasta lograr la cuota máxima en 1991, con 894 deportistas. Los corredores se distribuyeron entre doce categorías, desde los chupetines -niños nacidos en el año 2002 y posteriores- hasta los veteranos -adultos de 35 años o más-. Todos ellos corrieron distancias que oscilaban entre los 550 y los 8.000 metros, en una propuesta que pretendía vincular en torno al deporte a los aficionados, a los federados e, incluso, a los más pequeños, en este caso con el fin de fomentar en ellos esta afición. La carrera, que comenzó tras la celebración de una misa al aire libre, fue sobre asfalto y en zona urbana, y transcurrió sin incidentes de importancia, según fuentes de la organización, pese a que el fuerte viento fue molesto para los corredores. Sin duda las escenas más entrañables fueron protagonizadas por los más pequeños, que mostraron gran empuje y pundonor, aunque los adultos, y en especial los corredores más profesionales, dieron ejemplo. Cabe destacar que en algunas categorías corrieron también internos discapacitados del centro bañezano de Nuestra Señora del Valle. La línea de salida El entorno de la iglesia de El Salvador, en el que estaba situada la línea de salida y la de meta, se convirtió desde primera hora de la mañana en un hervidero de personas. Los padres aprovechaban para tomar fotos a sus pequeños, cuidar de que tuvieran a punto su atuendo y su calzado, o darles ánimos antes de la hora de la verdad. Al final, todos los corredores que terminaron la prueba recibieron como obsequio una camiseta y una bolsa con productos de la tierra, y los ganadores de cada categoría, trofeos y otros regalos. Además, los participantes pertenecientes a las categorías absoluta hombres, absoluta mujeres, juvenil junior hombres y veteranos -absoluta- recibieron también premios en metálico, dotados con cantidades que oscilaban entre los 20 y los 300 euros.